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Corporativismo desplazado: sobre la violencia policial.

Ayer tuve el [irony]inmenso placer[/irony] de encontrarme con un enlace a un hilo de discusión de Foro Policía en el que se hablaba del reciente suceso del agente al que se ve golpear a una chica repetidas veces y, posteriormente, al periodista Daniel Nuevo hasta dejarlo en el suelo, caso del que ya se ha hablado aquí.

Francamente, creo que rara vez he sentido tamaña decepción ante la falta de cordura y raciocinio de que hacen prueba muchos de los participantes (podemos imaginar que policías en su mayor parte) tratando de justificar lo injustificable, rehuyendo la razón y la argumentación, ocultándolos bajo descalificativos y un sentido del compañerismo muy mal situado. La autonomía racional condenada a muerte por el instinto gregario. Una vez más, las generalizaciones no son procedentes, y quizá hablamos de un grupito más alborotador dentro del CNP, pero en cualquier caso, constancia queda de lo dicho en el mencionado debate, para quien tenga las tripas de aguantar las 10 páginas que abarca.

Algunas de las actitudes más frecuentes y significativas que aparecen en la discusión son las siguientes:

1- El uso despectivo de terminologías simplistas y etiquetadoras para hablar de aquellos que se encuentran “en el otro bando”: <<perroflautas>>. Todo un ejemplo de cordura, entereza, madurez, capacidad intelectual… ejemplar comportamiento de las orgullosas y altaneras fuerzas del orden, en un intento de rehuir cualquier confrontación de discursos. Como en el patio del recreo, uno consigue el apoyo de sus camaradas encontrando el insulto que más diversión produzca.

2- Un incondicional <<apoyo al compañero>> -en este caso, el del porrazo fácil- que no es sino otro ejemplo de negación del pensamiento crítico en favor de la pertenencia a un grupo supuestamente selecto. En ningún momento se acepta como posible que su actuar fuera excesivo. No, ¿en uno de los nuestros? ¡Jamás!

3- Corolario de lo anterior, la insana justificación de los golpes recibidos por las dos víctimas con el pretexto de haber aguantado bastantes insultos o, eventualmente, escupitajos. Esto no tiene ni nombre. Se parece a aquello de “mi mujer me faltó al respeto, así que no tuve más remedio que pegarle un guantazo”. En este sentido, hasta alguno comentaba que las dos víctimas se encuentran “bien” y que por tanto no ha sido nada. ¿Qué pasa, si no hay sangre significa que no ha habido abuso de autoridad? Además, señores agentes, si a estas alturas no son capaces de aguantar con entereza detrás de sus cascos, porras y demás equipo, dimitan y váyanse a cultivar patatas.

4- Se critica la publicación de imágenes del suceso. En primer lugar, si ustedes se comportaran como es debido, no habría polémica ni necesidad de captar esas imágenes. Esto implica, por ejemplo, llevar la identificación bien visible. Por otro lado, sin estas imágenes que ahora se critican, probablemente no se habría podido llevar el caso ante la justicia, como sin duda se hará ahora.

 

Muchas otras cosas me dejo sin mencionar pues tampoco me parece necesario, que cada cual juzgue por sí mismo tras ver con sus propios ojos la discusión comentada. En cualquier caso, tras haber visto el debate, y un poco más enfermo que antes de verlo, me dije que había que escribir algo al respecto para criticar ese “borreguismo” que parece haberse adueñado de muchos integrantes de la policía. Sin embargo, esta misma mañana, descubría un comunicado del Sindicado Unificado de Policía al respecto de estos sucesos, que destila a mi juicio tanta lucidez como ha sido habitual estos últimos tiempos por su parte. Así, limito mi crítica para delegar en la de ellos, que se encuentran en perfecta situación para hablar de estos temas:

Todos los policías, para adquirir dicha condición, juramos o prometemos cumplir la Constitución. La Constitución española contiene una serie de derechos consagrados copiados de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que también inspiran en parte los principios básicos de actuación de la ley orgánica 2/86. El cumplimiento de dichos preceptos deviene por lo tanto en obligatorio, algo consustancial a la condición de policía, y ni siquiera una orden superior puede contravenirlos porque cualquier orden en tal sentido sería una orden ilegal y por lo tanto que no debe ser cumplida.

Dejando sentado lo anterior, el buen compañerismo entre profesionales de la Policía debe asentarse en el cumplimiento de estos principios, pues quien los incumple no es digno de ese compañerismo y cualquier apoyo pasa a ser impropio, corporativista (abuso de solidaridad entre los miembros de una corporación) y contraviene las leyes que nos legitiman para tener el monopolio de la fuerza. 

Más adelante…

Esos golpes innecesarios que se han difundido profusamente por la Red son una mancha sobre la Policía, sobre las UIPs y sobre los policías. En los próximos meses y años habrá muchas denuncias que prosperarán, o al menos avanzarán mucho más de lo que hubiera sido deseable solo por permanecer en la memoria estas imágenes. Habrá denuncias falsas y sin pruebas que serán investigadas solo por la actuación de este (o estos) compañeros. Habrá diligencias, problemas y denuncias de tortura, malos tratos, abuso policial etc. en cada intervención y será más difícil la defensa de quienes han actuado correctamente solo por la insensatez de uno, dos o tres compañeros, que no han sabido estar a la altura que exige esta profesión. 

[…]

Las UIPs son unidades especiales y sus miembros deben tener (y tienen) una preparación especial, distinta (no mejor) que los de otras unidades; su preparación es específica para las tareas que desarrollan y se supone que tienen la serenidad, la capacidad de aguante y la templanza de nervios exigibles para desempeñar esos difíciles cometidos. 

[…]

Hay que investigar, aclarar los hechos y, si procede, depurar responsabilidades, aunque el daño ya está hecho. Más de cuatro meses de brillante actuación de más de mil compañeros de la UIP, con un gran esfuerzo, han quedado sepultados por tres minutos de actuación de dos o tres irresponsables que no merecen seguir en dichas Unidades, donde hay que ser un profesional muy íntegro, frio, con capacidad de autocontrol y discernimiento de la situación a la que se enfrentan en cada momento. 

Y finalmente…

En el SUP tenemos claro que el sindicato es una herramienta que defiende los derechos laborales y profesionales, la dignidad de los policías, y que si al tiempo que defendemos eso apoyamos abusos y que se vulneren los derechos de otros pasaríamos de ser un sindicato a convertirnos en una organización sectaria, mafiosa e ilegal.  

Sindicato Unificado de la Policía.

Pienso que así queda mucho más claro todo.

En último lugar, y para que no parezca que uno es antipolicía, he de recalcar una cosa. Cualquier acto consistente en insultar, agredir verbal o físicamente, o discriminar, etiquetar y rechazar por sistemática la acción de los funcionarios de policía que estén actuando con presumible buena fe y acatando órdenes no es procedente y no puede ser justificado. Es comprensible que en momentos de tensión haya un exceso verbal por parte de ciudadanos dado el delicado contexto en el que nos encontramos. Es comprensible que un agente pueda cometer un desliz (una palabra mal colocada, una brusquedad algo excesiva) ante la presión de un trabajo complicado. Pero lo que no es posible es excusar, ni al manifestante violento y destructivo, ni al policía agresivo y descontrolado.

El único cauce del 15M es el diálogo, así como la única vía de la actuación policial es el Derecho, lo demás es chapuza, basura que no debe entrar dentro de lo tolerable por ninguno de los dos colectivos.

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La policía no es esto (bis). O #18A, perfeccionando el abuso.

Ay pobres ilusos quienes nos escandalizamos antes de hora, pensando que lo hemos visto, oído y leído todo. En el artículo anterior denunciaba un vergonzante exceso en la actuación policial a la hora de disolver las manifestaciones de estos últimos tiempos y, más concretamente, la llamada “Marcha Laica”. Bien, pues como si no fuera suficiente lo visto el 17, el 18 ha sido aún más fructífero para el cuerpo de Macarras del Estado. En primer lugar recogemos un testimonio, el de Daniel Nuevo.

No entendía nada. Solo estaba haciendo fotos y más cuando previamente me había identificado como fotógrafo y me habían indicado el lugar en el que podía estar, que en ningún momento abandoné. Solo acertaba a preguntar “¿Por qué?” y proteger la cámara. En ese momento recibí varias patadas y puñetazos, culminados por otra ronda de porrazos. “La cámara, que me des la puta cámara te he dicho”.

Un porrazo en la nuca que me paralizó por completo durante unos segundos. De pronto dejé de sentir que tenía un cuerpo y me desplomé. Caí al suelo de una pieza. Ahí supe qué es el miedo. No sentía mi cuerpo, daba órdenes a mis brazos para sujetar la cámara pero eran inútiles. Desde el suelo seguía viendo como me miraba un policía. Se me nubló la vista y perdí la conciencia durante un par de segundos. Cuando la recobré, el jefe había ordenado retirada.

Y tenemos el vídeo que da apoyo al relato citado:

Vídeo: Youtube.

Como bien se comenta en Escolar.net, si esto hubiese ocurrido en otra parte del planeta (preferentemente aquellas que todo el mundo teme como los países de Oriente Medio o China) ya se estaría hablando largo y tendido y denunciando unánimemente. Como sin embargo ha ocurrido en nuestras tierras, y coincidiendo además con las JMJ, pues todos más callados que [insertar palabra]. Moral “flexible”.

Sabemos todos, o deberíamos saber, que la posición de antidisturbios es delicada para los nervios de esta gente. Pero ciertas conductas no son conductas de pánico, y decirse lo contrario es mentirse a sí mismo. Tal violencia gratuita y desmesurada, pienso, no puede nacer sino de un temperamento inestable y violento, en según qué casos, quizá hasta sádico. Así pues, no me trago la excusa del “estrés” para todo. Y si el propio adiestramiento y funcionamiento del cuerpo de antidisturbios supone fabricar matones violentos, entonces estaremos mejor sin, francamente. Estos últimos tiempos la policía que hemos visto no ha solucionado ningún problema, se ha dedicado a crearlos y punto.

Progresivamente iré editando esta entrada si encuentro material nuevo a lo largo del día. A estas alturas, decir más es innecesario.

Edit1: Stéphane M. Grueso nos relata su visión de la jornada del 18.

Edit2: Mas imágenes.

Edit3: En los medios: 20 minutos, Público, El País, (El Mundo de momento…en otro mundo), Libération [fr]


Imágenes de la vergüenza.

FOTO:  Los trofeos del día (2) #15M

Esto pasa con SUS armas.

A estas horas ya circulan por la red cientos de archivos de contenido audiovisual relacionados con los sucesos acontecidos el día de ayer en las inmediaciones de Sol y, posteriormente, frente al Ministerio del Interior, y que produjeron como resultado, según cifras oficiales, 20 heridos, de los cuales 7 serían policías, y 13 serían manifestantes (o “indignados”). Cómo algo así ha podido ocurrir parece, en principio, incomprensible pero, a poco que se busque, ciertas cuestiones resultan llamativas.

En primer lugar, es curioso cómo, habiendo estado en contacto estrecho durante todo el día los manifestantes y los agentes de policía, los acontecimientos que implicaron violencia por parte de las Fuerzas del Orden –que no de Seguridad- acontecieron una vez más cuando las circunstancias dificultaban la captación de imágenes, es decir (retomando el término aparecido en la prensa hace un tiempo), con nocturnidad.

¿Casualidad? A buen seguro no.

Sobre todo, si uno presta atención al detonante de la carga, un miserable cartelito, papel, con letras en él. ¡Terror! Bien es sabido que de todas las armas a emplear contra la opresión -particularmente la violenta- la peor de todas es la palabra. Es comprensible por lo tanto el pánico de que fueron presa aquellos ataviados de uniforme –botas, casco, escudo y porra- que súbitamente vieron rojo. ¡Tenían miedo! Miedo a esos antisistema, perroflautas, que tuvieron la osadía de pegar un cartel frente al Ministerio al que rinden pleitesía y, encima, tuvieron la desfachatez de responder orgullosa y arrogantemente al grito de “¡Estas son nuestras ARMAS!” mientras alzaban las manos. El colmo de la provocación.

Esto es lamentable para la imagen de los Cuerpos de Seguridad (¡ehem!) del Estado, actualmente hundidos en la más profunda (o casi) de las vergüenzas: defendidos sensatamente por algunos de sus sindicatos, pero humillados horas después por la actuación de algunos de sus integrantes, capaces de agredir a un anciano, de golpear a una persona mientras era atendida por los Servicios Sanitarios, o de patear para después arrestar sin justificación suficiente a un periodista. Me compadezco por aquellos que llevan el uniforme con dignidad, porque es el uniforme de la vergüenza. Yo me plantearía seriamente mi deseo de compartir colores con sádicos y cobardes armados: la manzana podrida hace tiempo que ha corrompido el tiesto.

Pero no nos equivoquemos, no es esta gente quien representa la indignidad de este país y de estos tiempos. Ellos, como buenos “cumplidores de órdenes” son sólo un síntoma, o un efecto, de problemas mucho más profundos. Si la única disfunción se encontrara en las Fuerzas del (des)Orden el trabajo estaría pronto hecho. No, lo que hay que cambiar está mucho más arriba, y mucho más protegido. Hordas de individuos que pretenden erigirse en representantes de la vox populi muerden impunemente la mano que les da de comer, y ejercitan con excelencia una violencia mucho más sutil y difícil de perseguir que sus subalternos. Una violencia por la opresión, la desinformación, la mentira y la corrupción, todo ello maquillado con bellas palabras y juegos dialécticos, para despistar.

Esto es, después de todo, comprensible, pues aquellos responsables y colaboradores necesarios del sufrimiento ciudadano dependen exclusivamente de los vicios –que no de las virtudes- de nuestro sistema (electoral, económico y social) y, por tanto, han de luchar con uñas y dientes por preservarlo, haciendo los cambios estéticos que sea necesario para acallar las voces de protesta.

En este sentido, hay ejemplos paradigmáticos en los dos grandes partidos mayoritarios. Por un lado, tenemos el PP, los primeros en mandarte a los tanques contra los manifestantes si esto llega a ocurrir (y probablemente ocurra) bajo su mandato o, simplemente, en la próxima visita del Papa Ratzinger. Estos mismos individuos denunciaban una respuesta desmesurada de las policía anoche frente al Ministerio. ¡Qué bueno tener una chaqueta reversible! Eso sí, en distintos tonos de azul…

Por otro lado, el caballero andante don Rubalcaba (jocosamente Alfredo P.), tan defensor de cara a las próximas elecciones del establecimiento de un “diálogo” con los “indignados” y tal y cual, no es animal que acariciar a contrapelo, y tras enterarse de los sucesos, prontamente regresó a su posición de ex ministro de Interior y cargó contra los manifestantes, defendiendo a sus bien amados “Cuerpos” cuya actuación había sido legítima e indudablemente necesaria ante esos “200” disidentes secuestradores de ciudades, chabolistas y otras memeces.

Ha quedado claro, por esto y por otras mil cosas de las que han ocurrido en los últimos cuatro años, que el sistema ha caducado. Y ha caducado en una posición de pleitesía simultánea a dos Dioses: el que la fuerza religiosa impone, y el que las fuerzas económicas imponen. Ha llegado pues la hora de matar a estos dioses y construir, de una vez por todas, el Reino de los Hombres.

Dicen que el loco ese día penetró en varias Iglesias [y bancos] y entonó un requiem aeternam deo. Y cuando era arrojado esgrimía reiteradamente su argumento: «¿Qué son estas iglesias, sino tumbas y monumentos fúnebres de Dios?».”


Policía de Alto Nivel.

Esta vez abandono el la crítica estrictamente nacional para orientar esta entrada un poco más a la risa y el pitorreo, como siempre, a costa de alguien. En este caso, las fuerzas de policía -aparentemente- de Costa Rica. Disfruten:

 

 

Ahí tenemos cómo un despiste se transforma en divertida incompetencia. Aunque lo peor es que casi parten por la mitad a la señora arrancando un portón que bien podría haberse abierto para el otro lado sin necesidad de arrancarlo de cuajo, pero claro, como somos las fuerzas del orden nos lucimos como orangutanes con un garrote, <<¡Usa la fuerza Luke!>>. En fin, espero que ahí dentro hubiera un cabecilla del narcotráfico o el proxenetismo porque sino vaya espectáculo.

Aparentemente es un vídeo que data ya de bastantes años pero que ha vuelto a tener un éxito merecido en youtube por la jocosa actuación. Algunas malas lenguas dicen que es fake pero yo personalmente me lo creo todo hoy por hoy.

Así que señores agentes, si me están viendo: ¡ZAS en toda la boca!