La policía no es esto.

Y estos de la #JMJ de visita turística (???) FOTO

Por Stéphane M. Grueso (@fanetin)

A espera de escuchar lo que la policía tiene que decir desde sus distintos portavoces y sindicatos (algunos más consensuales que otros), algo parece haber quedado muy claro últimamente, y es que dentro de las FCSE están los que disuelven manifestaciones, y los otros. Mientras una inmensa mayoría opera anónimamente para hacernos el cotidiano más fácil y más seguro, un sector (quiero creer que minoritario) muy visible se dedica a repartir palos allá donde van.

Los testimonios son múltiples, y de hecho coherentes con lo que algunos pudimos ver mientras rtve retransmitía unas imágenes que finalmente parece que eran de Reuters. En las imágenes pudimos ver cargas que parecían sorpresivas (y que según quienes estuvieron allí, lo fueron) y que sembraban el pánico (y los moretones) allá donde se producían. Personalmente recuerdo con claridad la imagen de un joven batiéndose en retirada, empujado (o golpeado, ahora no sabría) por la espalda cayendo estrepitosamente al suelo, donde dos o tres agentes lo rodearon, amenazantes, sin poder hacer más gracias a la pronta reacción de quienes estaban alrededor. También recuerdo la imagen de varios agentes arrinconando a un manifestante contra la puerta de un comercio o algo similar. Pandilleros con casco y porras. Más terroríficos aún son los relatos de Stéphane M. Grueso (@fanetin), de Lidia Ucher (@lidiaucher), de Jonás Candalija (@jonascandalija) y algunos de sus compañeros periodistas o fotógrafos.

Por mi parte he de decir que la idea de convocar una manifestación laicista en tales circunstancias, coincidiendo no sólo temporal, sino geográficamente con la Jornada Mundial de la Juventud (#JMJ) me parecía una elección arriesgada, sobre todo porque temía un choque de radicales, de ambos bandos. Para mi gusto, la gente tenía que haber llegado hasta Sol y haber continuado por otro lado, y no quedarse allí forcejeando a ver quién tomaba la plaza. Si unos tienen derecho a manifestarse libremente, los otros también, hay que ejercer tolerante y respetuosamente los derechos que uno ostenta. Dicho esto, resultó que lo que yo temía no se produjo. El encuentro entre laicos y “jotaemejotas” no produjo ningún incidente relevante, fuera de algún enfrentamiento puntual, lo cual no es realmente nada, sabiendo que había miles de personas por ahí. Sí que circularon insultos por ambas partes, lo cual es inadmisible, pero también dentro de lo esperable. Así pues, el espíritu pacífico de reivindicar sin agredir podríamos decir que estuvo presente y reinando la mayor parte del tiempo. Bien hasta aquí, aunque pienso que hubo cierta desorganización que condujo al estancamiento en Sol, condición necesaria para lo que luego se produjo.

Sentadas las anteriores circunstancias, habría sido suficiente por parte de las FCSE con desempeñar una labor de vigilancia y disolución de eventuales altercados entre los bandos que allí se reunían. Por contra, la decisión que pareció tomarse fue la siguiente: conforme la JMJ se fue desplazando fuera de Sol, quedando allí sólo los integrantes de la marcha laica, se comenzaron a cortar calles y, acto seguido, a cargar brutalmente contra la masa de gente reunida allí hasta vaciar la plaza. Alguna explicación habrá, pero francamente no sé si será lo suficientemente convincente para quitarnos de la cabeza que España es un anexo político del Vaticano. Como ya ha ocurrido otras ocasiones, a partir del momento en que se sacan a relucir las porras la situación degenera, empoderando a los más deleznables seres que visten el uniforme y que, con su actuación, manchan la ya seriamente dañada reputación de los “guardianes del orden”. Me remito a partir de aquí a los testimonios anteriormente citados, que reflejan esa vergüenza e indignación que cualquiera podría sentir cuando es el Estado quien produce el terror por medio de sus agentes.

Muchas veces ha regresado la siguiente excusa: “estamos hartos de que nos insulten”, para justificar la brutalidad policial y los excesos tanto verbales como físicos. Pues es muy sencillo: el que no aguante el tirón, que dimita. No hay vuelta de hoja: cuando uno va armado, protegido, y preparado, debería tener la entereza suficiente para realizar su trabajo en condiciones de dignidad y limpieza. Y eso no es lo que hemos visto, hemos visto grupos de camorristas con el autocontrol de un adolescente problemático, hinchados de prepotencia y superioridad. Esto no es personal digno de un puesto tan delicado como es el de antidisturbios y, más genéricamente, de policía. Errar es humano, los excesos pueden ocurrir, pero esto no es ya la excepción, es la norma. Pésimo, se mire por donde se mire. Un policía no es un ciudadano más, es un agente responsable del orden y la seguridad, protector de las leyes y, por encima de todo, de los civiles; las exigencias, por lo tanto, no son las mismas y el personal debería estar a la altura de las circunstancias, o largarse a otro puesto más pacífico.

Lamentablemente, lo visto ayer repite el esquema de lo que viene siendo la actuación policial desde el 15 de Marzo, y seguramente se repita por bastante tiempo aún. Hasta que, esperemos, cambien las cosas y podamos volver a presumir de vivir en un Estado de Derecho, de paz y de libertad.


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