Archivo mensual: diciembre 2010

Adiós de momento, Ley Sinde.

 

Ilustración de Manel Fontdevila.

Como bien sabrás lector, durante estos últimos días ha habido mucho ajetreo en la Red, y un poquito en las calles al respecto de la llamada “Ley Sinde”, que materializó la pugna que lleva años activa entre la industria musical -sobre todo- y cultural contra los internautas, las páginas de enlaces y demás. Lo que, caricaturizado, enfrenta a la SGAE (y similares) contra Internet. Una pugna cuyos asaltos ha ganado hasta ahora mayoritariamente el segundo grupo, en todos los terrenos posibles y que se reafirma con la decisión tomada ayer en el Congreso.

Y es que la estrategia de incluir dentro de la Ley de Economía Sostenible la disposición destinada a permitir el cierre de webs sin que medie autorización judicial, para permitirle “pasar desapercibida” ha estado muy muy feo. David Bravo, más que célebre (aunque ni de lejos el único) en esta pugna ilustraba de forma sobradamente certera lo que ha ocurrido hasta ahora:

La industria del copyright movió un dedo y se enviaron cartas advirtiendo de acciones legales. Cuando las cartas se ignoraron, la industria movió un dedo y se interpusieron las acciones judiciales. Cuando los jueces resolvieron en favor de denunciados y demandados, la industria movió un dedo y se recurrieron las resoluciones. Cuando volvieron a perder en los juzgados, la industria movió un dedo y desaparecieron los jueces. – D.Bravo

Pues esa era la idea, y el Ejecutivo un cómplice de esta gran trama. Pero el tiro salió por la culata: la Ley Sinde fue rechazada y tendrá que ser propuesta de forma independiente, sin muchas probabilidades de éxito tal cual está formulada y visto cómo está el patio.  Continuar leyendo

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Jornadas de Elaboración y Estudio de Perfiles Criminológicos y Asesinato en Serie, del SEPIC

Mas allá de las múltiples vías y facetas que la Criminología presenta, he de decir que a priori siento especial curiosidad respecto de aquello que se conoce como Profiling, esto es, la disciplina encargada de guiar las investigaciones policiales aportando un “perfil” del posible delincuente y algunas de las características (de aspecto, de personalidad…) que pudieran resultar más representativas. Todo ello con el fin de una más pronta averiguación de la identidad del autor del hecho.

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El Terror Universal.

El hombre recto (…) no vive para la muerte o la eternidad sino para alcanzar la plenitud de la vida en la brevedad del tiempo. – Las Preguntas de la Vida, Fernando SAVATER

Es cierto que si existe un Gran Terror Universal tan omnipresente y cotidiano como, paradójicamente, censurado de la propia existencia, probablemente sea éste el relativo a la muerte. Muerte que es en sí misma una idea de difícil aproximación y que, cuanto más se pregunta uno sobre ella, más desasosiego tiene tendencia a producirle.

Algunos piensan en la muerte (aunque traten de no hacerlo muy a menudo) como un modo diferente de vida, lo que a bote pronto parece contradictorio, pero dado que desconocemos en qué consiste esta más allá de lo empíricamente constatable por los vivos, no desecharemos esta opción. Otros entienden la muerte como el último sometimiento a juicio, en el que se valorará la estancia en vida. Y quizá la visión que más unánime desasosiego produce, tanto al noble como al villano, es la muerte entendida como el cese de la existencia de uno: la pura y simple desaparición, no ya física, sino de lo que durante siglos se ha conocido por el nombre de alma, es decir, nosotros mismos.

Sea cual sea la opción escogida, la idea de morir no nos resulta en absoluto grata, es más, nos condiciona la existencia. El que seamos finitos es precisamente aquello que nos mueve, porque sabemos que la película se acabará y antes de ello habría que sacarle provecho. Ahora bien, cuestión peliaguda es la materialización misma de ese “provecho”, que toma muchas formas y explica tanto las buenas como las no tan buenas (desde una perspectiva social o ética si se quiere). Pero volviendo a lo dicho, el morir parece no ser más que el reverso de la voluntad de vivir -o incluso a la inversa-, pues tanto más fuerte es nuestro instinto de supervivencia cuanto más próxima está la muerte, aún a modo de recordatorio. Esto nos trae a la siguiente cuestión: ¿Por qué alejamos a la muerte de nuestras vidas, si precisamente lo que nos dice es: “vive”? Continuar leyendo