La visita papal y el respeto.

Benedicto XVI

Es conocido por todos el alboroto que está causando la próxima visita a Barcelona del Papa Benedicto XVI y la amplia variedad de reacciones que parece haber despertado entre la población, catalana o no. En este contexto leo ayer un artículo titulado La visita del Papa se merece un respeto, cuyo autor es el periodista Javier Cámara, escribiendo para El Informal.

Me sorprende este artículo en particular, no por estar totalmente a favor o en contra de la tesis que defiende, sino en realidad por la sensación de perplejidad que me provocan sus líneas, y es que he de confesar que no termino de comprender, en el fondo, lo que ha querido expresar el autor.

Comienza el artículo con una posición bastante neutra que no parece poner demasiado problema, afirmando que el Papa está expuesto a la crítica, como cualquier otro jefe de estado, cuando visita un país y que esto es totalmente normal. Mi incomprensión, sin embargo, comienza poco después. Cámara hace repaso de toda una serie de argumentos y cuestiones que la prensa ha enarbolado a favor y en contra de la visita papal, de entre los cuales parece destacar como más importante el de “si yo no creo por qué tengo que aguantar y pagar con mis impuestos un acontecimiento de estas características”. A esto contesta lo siguiente:

La visita de Joseph Ratzinger tiene un valor espiritual incalculable y los católicos se merecen todo el respeto, primero, porque están en su derecho y, en segundo lugar, por la magnitud de un evento de suma trascendencia para su creencia. España es un país de profundas tradiciones y eso hay que respetarlo. Los católicos de nuestro país sienten una afección especial por el Santo Padre y eso también hay que respetarlo.

A riesgo de equivocarme, el valor espiritual al que se alude me hace pensar que la aparente neutralidad del texto es sólo aparente, pero ello poco importa, sigamos. No entiendo en primer lugar a qué se refiere con “están en su derecho”. ¿Derecho a qué, al respeto? ¿O a que la figura suprema de la creencia que profesan visite su país a gasto público? Y si es lo segundo, ¿defiende el autor la clara consideración especial que recibe la Iglesia Católica a nivel constitucional o más bien habla de otro tipo de derecho? Los argumentos que siguen al párrafo son en cierta medida muy similares y serían susceptibles de interrogaciones similares. En cualquier caso, si lo que trata de decirnos el autor es que los católicos merecen ser respetados en ese caso bien, vale, por supuesto que sí, pero no veo el problema y no veo tampoco, de hecho, dónde se les ha faltado al respeto.

También me parecería razonable la tesis del autor si esta fuera la siguiente: Es absurdo ponerse a hablar de lo que uno paga con sus impuestos cuando uno paga tantas otras cosas que no tolera y no se queja, así que no es un tema de dinero, si lo fuera, la primera en caer sería la familia Real. Coincido, el argumento económico planteado como en el entrecomillado de más arriba es débil y cuestionable, pero sigamos leyendo.

Además, los católicos en nuestro país, pese a quien le pese, son mayoría. Según el CIS, el 72% de la población reconoce que esa es su creencia, el 80% de las familias opta por la clase de Religión para sus hijos, ya que la consideran buena para su formación por los valores y cultura que propone.

Este en concreto me parece un punto particularmente cuestionable de la argumentación del autor, que debería haberse quedado en lo expuesto anteriormente según mi humilde opinión. Concretamente a mí me parece que Cámara, sin darse cuenta, incurre en una falacia consistente en considerar que porque son muchos católicos ello justifica el asunto que se cuestiona, que es la venida o no del Papa, si esta está justificada. Además, desde mi limitada experiencia, a partir de secundaria la clase de Religión difícilmente alcanza un 20% de los alumnos.

Por otro lado, considero que identificar “creyentes” y “practicantes” es un error, y que 80% de personas “educadas en la moral cristiana” no significa forzosamente:80% de personas que van a ir a ver al Papa. Además, pese a que los católicos sean mayoría, cosa que no cuestiono… ¿realmente se dispensa un trato equitativo a todas las religiones? Pienso que no.

Del mismo modo que se respeta la visita de cualquier líder político o espiritual, o la cabalgata de la selección española porque ha ganado el Mundial de Fútbol, o el desfile del Día del Orgullo Gay, o una manifestación multitudinaria de unos sindicatos de trabajadores que no están de acuerdo con una Reforma Laboral del Gobierno, o un desfile de las Fuerzas Armadas, o la Cabalgata de Reyes, con todo lo que eso conlleva en gastos de seguridad y protocolo, hay que respetar el viaje de Benedicto XVI a España.

No pretendo cambiar de opinión a nadie. Ni lo quiero ni es mi papel, pero un evento que van a ver por televisión 150 millones de personas y una misa —la de la catedral de Santiago de Compostela— que seguirán desde fuera más de 1.200 medios de comunicación se merece un poco de respeto.

Bueno, aquí hay una serie de cuestiones congregadas que a mí, personalmente, me parecen una serie de disparos a ciegas y que no hacen sino acrecentar mi confusión. Ni todos los personajes políticos vienen en las mismas condiciones o con idéntico propósito, igual ocurre con las personalidades religiosas -aunque yo aquí sólo he oído que se presentara el Dalái Lama, pero igual se me escapan cosas-. En otro orden de cosas, me parece que todas las manifestaciones públicas que enumera el autor difícilmente pueden ser puestas en el mismo saco y, si bien algunas merecen discusión, no responden en ningún caso al mismo fundamento. ¿O podríamos afirmar que Hitler merce el mismo respeto que Zapatero porque ambos son (o han sido) personajes políticos relevantes en sus respectivos países?

Por último volvemos a la obsesión del respeto, palabra que se habrá repetido una buena cantidad de veces a lo largo de todo el texto. Pero yo aún no he visto la falta de respeto, será que estoy ciego. Además, se vuelve a incurrir en la falacia ad populum mencionada anteriormente.

Javier Cámara concluye su texto reafirmando el derecho a la crítica, no obstante ha defendido el “respeto” durante todo su escrito. Así pues, ¿dónde está la frontera entre crítica y respeto para el autor y que en algún sitio debe haber sido vulnerada para generar tal respuesta por su parte?

Y lo que es más importante, aparte de instar repetitivamente a respetar, ¿qué ha querido decirnos con este texto?.


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