Mitología de la Hipnosis

Tres...dos...uno...

Muchas creencias, imágenes y mitos rodean en extraño fenómeno de la hipnosis. Esto se explica probablemente tanto por la antigüedad del método como por su crecimiento importante de mano del Psicoanálisis de Freud y, por último, gracias (o por culpa) a la proliferación de shows en los que se vende un espectáculo de hipnosis realizado por un cantamañanas hipnotizador que merecería en todo caso la consideración de ilusionista (profesión muy respetable de hecho) y no de gran manipulador de mentes.

En cualquier caso, en el ideario colectivo la figura del el hipnotizador representa a un hombre misterioso (barbudo y con turbante) capaz de transformar a un hombre hecho y derecho en un dócil animalito mediante un péndulo, con los ojos, o incluso con gestos o palmaditas. Que la ficción colectiva es generalmente infundada no es un secreto para nadie, por otro lado, quizá interese arrojar algo de luz sobre el fenómeno de la hipnosis.

¿A quién hipnotizo? Bueno, comentar en primer lugar que se estima que la población hipnotizable representa un 15% del total, lo que se corresponde más o menos con los individuos con mayor grado de sugestionabilidad. Pues ser sugestionable es condición indispensable para se hipnotizado en condiciones normales, siendo necesario un mayor esfuerzo por parte de alguien más escéptico, que ha de “prestarse” a la experiencia y colaborar en ella. Por lo tanto queda desmontado el mito de que un hipnotizador podría transformar a cualquiera en un pelele a la primera de cambio.

¿Qué puede producir la hipnosis? Bueno, ciertos efectos de la hipnosis son conocidos ya, y absolutamente ciertos. Existe una amnesia posthipnótica que imposibilita al hipnotizado recordar lo acontecido durante el estado hipnótico. Existe también un condicionamiento, una manipulación por parte del hipnotizador al paciente. Así es cierto que el practicante puede establecer un código para que, por ejemplo, la persona se olvide de su propio nombre o se rasque la oreja cada vez que oiga la palabra “rata”.

Sin embargo, lo anterior ha de ser matizado. Una persona hipnotizada no dirá ni hará nada que atente contra sus principios. Desmontado queda en este caso el mito de que cualquiera podría realizar actos terribles bajo la influencia de la hipnosis. No será posible obtener favores sexuales de la pobre víctima mediante hipnosis si esta no lo desea, señores, no es necesario por tanto apuntarse a clases con psiquiatras y terapeutas expertos en dicha disciplina.

¿Cuánto duran los efectos? Alrededor de dos horas, de ahí la polémica sobre su real utilidad como terapia para producir, por ejemplo, rechazo hacia el tabaco en los fumadores.

Y entonces ¿por qué ese halo de misterio? Bueno, hay que decir que la hipnosis sigue siendo una de las asignaturas pendientes de la psicología, funciona, pero no se sabe muy bien por qué. Eso refuerza la extrañeza ante los peculiares efectos que produce. Además existe un efecto “tele desinformativa”, como en tantos otros ámbitos, que ha extendido la creencia de que uno puede regresar hasta a vidas anteriores mediante regresión por hipnosis.

No sólo es pura fantasía esto último (si fuese cierto, medio mundo vendría en línea directa de descendencia desde Napoleón Bonaparte o Julio César) sino que la mera regresión al pasado de la vida del paciente no parece ser como la pintan. Resulta que, a pesar de la hipótesis extendida de que mediante hipnosis se podría acceder a parcelas de la memoria vedadas de la conciencia (el inconsciente psicoanalítico) como sucesos traumáticos o pensamientos reprimidos, aquello a lo que puede acceder el sujeto durante el trance hipnótico parece ser más bien lo que este imagina que fue su pasado, y no lo que realmente fue.

Así, personas en pleno trance comenzaron a gatear y a balbucear como bebés cuando se les hacía “regresar” a la edad de 2 años. Esto no sería particularmente contrariante si no fuera porque el mismo individuo ya caminaba a los 2 años y hablaba razonablemente bien según testimonio de la familia. La hipnosis podría ser pues una buena forma de acceder a aquello que se puede acceder durante la conciencia, como un método de hacer el recuerdo más vívido, pero en todo caso -y empleando jerga informática- no recuperaría datos borrados del disco duro.

Concluyendo, mucho queda por averiguar respecto de la hipnosis, para conocer sus detalles, sus causas y, sobre todo, sus posibles aplicaciones. Pero ello no ha de hacernos creer sin más las habladurías y leyendas que acompañan, como es casi natural, todo fenómeno que alberga ciertas incógnitas.


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