Por qué resulta difícil defender al funcionario.

Bien, ante todo comenzar diciendo que, como todos los colectivos, la pésima actuación de unos no implica la de otros, así pues, funcionarios los hay de tantos tipos como administraciones -y vaya si las hay- o más, algunos mejores y algunos peores.

Ahora bien, sabe Dios por qué, el común de los mortales tenemos la mala fortuna de cruzarnos en la mayoría de las ocasiones con los “peores”, generalmente destinados -de forma totalmente inconveniente- a la atención directa o telefónica a los administrados. Será cuestión de un mal karma generalizado,  pero que levante la mano quien se ha hecho incontables veces acoger como un perro por personas que no conocen el sentido de la palabra amabilidad. Ilustraré aquello a lo que me refiero con un ejemplo:

Una persona de mi círculo próximo, extranjera, pasó recientemente por el trámite de renovación de sus “papeles”, hasta ahí todo bien y relativamente eficiente. La fecha para recogerlos en la sede más próxima de la policía era pues la de hoy, lo cual resultaba, por circunstancias irrelevantes, poco práctico.  Así, esta persona tuvo la valentía de buscar el teléfono correspondiente y hacerles saber del problema para hallar una solución o, simplemente, saber qué procedimiento seguir. Aquí viene lo bueno.

Tras exponer el caso tres veces y ser mandada a otro departamento en sendas ocasiones, le atiende finalmente un impresentable funcionario público de esos que nos dan ganas a todos de quemarles la casa que les reduzcan el sueldo y nos parece insuficiente un 5%. Tras oír de la imposibilidad, o dificultad, material de su interlocutora para presentarse el día pactado para la recogida de los documentos en el lugar correspondiente, la respuesta fue, cito:

“Pues lo tiene usted difícil, la policía no se lo va a traer [el documento, se entiende]…”

Salta a los ojos lo desplazado e indignante de la conducta de semejante idiota profundo individuo cuyas capacidades mentales, quiero pensar, debían estar  seriamente afectadas por algún asunto de índole personal sumamente duro como un divorcio o una defunción.

El problema es que semejante comportamiento es extremadamente usual, pese a mitigarse un tanto en según qué servicios administrativos. Luego veo cómo el sindicato de funcionarios toma la calle, escandalizado por el recorte salarial y tachándolo de antisocial, y no comprendo aún muy bien qué es lo que se está reivindicando y sobre todo qué se propone ofrecer a cambio para mejorar la situación, siempre desde un punto de vista eminentemente personal.


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