Archivo mensual: mayo 2010

Eduardo Punset en la Universidad de Alicante.

Eduard Punset

Articulo rápido y meramente informativo con la intención de comunicar aquello que la propia página web de la UA ya exhibe desde hace unos días. Eduardo Punset participará -quizá ya lo haya hecho a estas horas-, aun brevemente, en el acto de presentación del Programa de Divulgación de la Ciencia y la Tecnología de la universidad.

Según la propia página web:

El acto de presentación del Programa contará con las intervenciones del rector de la Universidad de Alicante, Ignacio Jiménez Raneda, el vicerrector de Investigación, Desarrollo e Innovación, Manuel Palomar, la vicerrectora de Relaciones Institucionales Aránzazu Calzada, y Eduard Punset, quien ofrecerá una breve intervención sobre la importancia de la divulgación científica desde el ámbito universitario.

Al finalizar el evento, Eduardo Punset firmará ejemplares de su último libro: El Viaje al Poder de la Mente (Editorial Destino) para, por la tarde, intervenir en el Acto de Graduación de la Facultad de Filosofía y Letras, a las 18:30 horas concretamente, impartiendo la última lección del curso en cuestión.

Estoy seguro que todos aquellos que asistan a los actos mencionados disfrutarán y agradecerán la asistencia de una de las mentes más mediáticas de nuestros días.

Más información:


Asesinos de animales, asesinos de hombres.

Y cada error con una vida será pagado.

No salgo de mi asombro ante la crueldad del hombre, y me imagino que es buena señal a la par que mala, buena pues atestigua de que conservo mi humanidad, y mala dado que los sucesos que se renuevan cotidianamente muestran cierto esfuerzo por arrebatarme todo tipo de empatia mediante el desgaste de mi tolerancia al horror.

No pretendo hoy extenderme particularmente -aunque no garantizo nada- pero sí comentar algunos de mis hallazgos de hoy, a falta de tiempo y energías para desarrollar los temas con la calma y meticulosidad que se debe. Así pues, durante la tarde me dediqué a leer con atención un escalofriante caso de unos jóvenes de quince a dieciséis años que en su día, torturaron de forma salvaje y despiadada a un pobre animal callejero sin mediar justificación racional alguna. Todo ello con el debido soporte audiovisual, es decir, grabación del espectáculo con un teléfono móvil -parece ser la tendencia actual- y multitud de fotografías en alta resolución del ritual de mutilación del pobre animal.

Más horroroso todavía resulta el hecho de que, a pesar de lo que se pudiera pensar, dichos individuos no presentan el perfil de joven problemático, traumatizado o con un pasado tortuoso. Nos encontramos ante un caso donde la violencia brota, inexplicable, despiadada, espontánea, y se descarga sobre un ser totalmente desvalido e indefenso, como puede ser un perro. Pero quien dice un perro, puede perfectamente decir un niño o una persona mayor, o un minusválido, o una persona con graves taras psíquicas… cualquier colectivo particularmente expuesto podría haber sido objetivo -o pudiera serlo en un futuro- del mencionado ataque, pues este se caracteriza por la especial sumisión de la víctima y su simultánea transformación en un mero objeto.

¿Cómo evitar pensar que, si unos jóvenes sin aparente predisposición al crimen por causa alguna socialmente explicable, han sido capaces de cerrar a su ser de cualquier sentimiento de misericordia, piedad, compasión o sufrimiento ante los probablemente numerosos y desgarradores aullidos de sufrimiento del animal, no vayan estos mismos a cometer atrocidades mucho peores en un futuro? A tener en consideración en este sentido el hecho de que numerosos asesinos en serie y grandes sádicos de la historia de lo inhumano han comenzado su carrera delictiva con mutilaciones y comportamientos aberrantes hacia animales.

Cabe tener en cuenta, a su vez, lo siguiente: la pena por provocar a un ser humano la muerte previa tortura podría oscilar, según el caso y el arbitrio de los tribunales, entre los 15 y los 25 años de prisión según se observaren unas circunstancias u otras. El equivalente hacia un animal representaría una pena que oscilaría entre tres meses y un año de prisión -todo ello para adultos-. Como se ve, un abismo penal que, si bien es discutible, nos muestra quizá una cosa ante todo y es que ante determinadas conductas el Derecho se encuentra prácticamente maniatado: pues es presumible que alguien capaz de hacer ejercicio de tal frialdad y de tal capacidad de desvincularse de lo atroz del propio acto está en perfectas condiciones para pasar a experimentar con sus semejantes persiguiendo esa euforia, esa embriaguez, resultante de liberar a la bestia sedienta de sangre que se ha albergado durante tantos años dentro de sí. Ante esto, la Ley actual no parece tener capacidad de intervención real en sujetos con una peligrosidad latente fuera de lo común y de quienes sólo queda esperar que tengan una aparición de la Virgen María y se vuelvan santos súbitamente.

No obstante, a veces, lo que no hace la Justicia lo hace el pueblo, para bien o para mal, y es cierto que este suceso antes descrito ha debido generar un gigantesco efecto estigmatizador en los jóvenes, que fueron objeto del odio, el desprecio y la aversión de todos los habitantes de la zona donde habitaban -debiendo la policía ponerles protección- y, de hecho, de prácticamente todo México. Nadie les hubiera llorado si se les hubiera tratado de análoga manera a como ellos habían tratado a la pobre bestia salvo, quizás, sus padres.

Pero es probable que en nuestra búsqueda de la justicia y de no tratar a los criminales de la misma forma que ellos han tratado a sus víctimas, puede hacernos que se nos revuelva el estómago ante ciertas conductas que, al fin y al cabo, quedan prácticamente impunes desde una óptica legal. No defiendo el “ojo por ojo” institucionalizado, pero considero que queda trabajo que hacer para llegar a un Derecho satisfactorio y realmente acorde con un principio de proporcionalidad, así como más certero en su actuar al individualizar la pena al delincuente concreto.

¿No habrá alguna forma de actuar de forma más ágil y pronta ante individuos cuya conducta ya pide a gritos que se les extraiga y extirpe del camino en el que están enfrascados sin tener que recurrir a meterlos en un recinto penitenciario ya a rebosar donde, con casi toda seguridad, no encontrarán la humanidad de que carecen?


¿Ha hecho ZP los deberes?

Debe tener las cejas como el Everest ahora mismo.

¿Habrá hecho ZP los deberes? Bueno, eso los hechos lo dirán, lejos de mí la intención de entrar en política, tanto porque desconozco como porque no me interesa el panorama político actual ni el presente sistema electoral que, dicho sea de paso, me parece un desatino. Pero ese es un asunto aparte.

El caso es que esta mañana leía por encima las principales medidas destinadas a reducir el gasto y la deuda y algo las reacciones de otros “cabecillas” de distintos partidos de cerdos -referencia a la novela Rebelión en la Granja de George Orwell, no se asusten- y algunas cosas me parecieron, no obstante, curiosas.

En primer lugar, gratamente sorprendido por ciertas de las medidas anunciadas por el Presidente del Gobierno que, a mi modo de ver, tienen cierto sentido -probablemente algunas más que otras, pero simplificando oigan-. El recorte de salarios de los funcionarios de un 5% y de los miembros del Gobierno de un 15% me parece de aplauso -quizá un poco excesivo esto último, sí-. Bastante poco riesgo incorporan ya dichas profesiones en cuanto al futuro laboral y el ingreso mensual de dinero, por tanto, me parece acertado que se aprieten el cinturón un poco por todas aquellas personas en posiciones mucho más frágiles. El plus a los gobernantes me parece un mínimo exigible. En definitiva, bien, no tengo objeciones a priori.

La supresión del “cheque bebé” bueno…en realidad ni siquiera sabía que tal cosa existía y, por tanto, no me exalta puesto que, desde mi juicio, si no puede uno mantener a un niño, mejor se las arregla para no traerlo al mundo. No me parece mal el “regalito” dado que el Estado, se supone, quisiera impulsar la natalidad, no obstante, en una tesitura en la que no hay dinero para alimentar a la propia familia, no parece razonable traer al mundo a más bocas que alimentar para cobrar prestaciones que, finalmente, se tornan insuficientes. Por tanto, partiendo del a priori de que se debería tener un cierto ojo antes de lanzarse a la paternidad, si uno puede permitírselo la prestación es inútil, y si no puede permitírselo, no servirá de nada a medio-largo plazo. Por tanto, nada que me extrañe particularmente, son medidas de recuperación de la recesión, adaptadas a un tiempo en el que no proceden los “regalos” pareciera.

Otras medidas referentes a las pensiones o el desarrollo se escapan un poco más de mi conocimiento o competencias así que poco sabría decir. Sí que he observado que las pensiones mínimas no se verán afectadas, en principio, bien, pero en cualquier caso no me lanzaría a hablar del tema. Aun así, estoy dispuesto a apostar a que la demagogia habitual girará sobre todo entorno a los “pobres funcionarios” y las “pobres mamás”. El señor Rajoy parece haber inaugurado -como le es habitual en esta tesitura bipartidista de mutuo descrédito entre PP y PSOE- ya el espectáculo generando una situación curiosa en la que el gobierno socialista parece tomar medidas “de derechas” mientras que el partido popular aboga por la defensa de los valores sociales.

Finalizando, y para alejarme totalmente de la defensa del actuar del señor Zapatero, decir que la impresión que me da, a pesar de todo, es que las medidas se han tomado con excesiva prisa y tarde, de modo que difícilmente podrán resultar plenamente satisfactorias. Queda ver si se manifestarán como eficaces pudiendo ocurrir dos cosas: o no resultan y este Gobierno se hundirá en la más profunda de las miserias y vergüenzas, o acaban siendo eficaces y empezaremos a ver cómo algunos cambian de chaqueta para elogiar la “certera” toma de decisión llevada a cabo.

Fuentes: El País, 20 Minutos.


¿Son nuestras cárceles viables?

Bienvenido a tu nuevo hogar.

¿Es nuestro sistema penitenciario viable? Esa es la pregunta que se formulaba en un plató de televisión francés esta noche como tema de debate. ¿Cumplen las prisiones la función de ideal resocializador que se les pretende atribuir? Sin duda son cuestiones que sobrepasan las particularidades de la nación y que serían perfectamente legítimas y dignas de debate en nuestro propio país, así que parece que la reflexión procede.

No son pocas las voces que claman que el sistema penitenciario tal y como lo conocemos y practicamos atraviesa una importante crísis. Las cárceles están llenas a rebosar y la demanda no cesa, la reinserción de los reclusos parece del orden de la utopía en buena parte de los casos -y no hablamos sólo de personas manifiestamente inadaptadas y no reinsertables-, la violencia entre internos o por parte de los servicios de “seguridad” dentro de los centros es un serio problema al igual que la tasa de suicidios de presos que, en otras condiciones, posiblemente hubieran podido reconstruirse. Sumado al gravísimo efecto estigmatizador de las cárceles, que prolongan la “privación de libertad” hasta mucho más allá del cumplimiento de la pena impuesta, tenemos que la concepción de la prisión alcanza todo su carácter de “mal necesario”.

Ahora bien, ¿podemos prescindir de la prisión? Pareciera que la opinión mayoritaria fuera que no, que hoy por hoy no hemos encontrado un sistema alternativo viable. Aparte de ello es cierto que determinados individuos probablemente son imposibles de reinsertar y la misma prisión no sirva de otra cosa aparte de para afianzar unos rasgos personales ya presentes y pulirlos con el “estilo carcelario”, hablamos generalmente de personas que en seguida se sienten como pez en el agua dentro de una prisión. Seguramente dichos individuos no son realmente aptos para la vida en sociedad y ningún programa de formación o instrucción pudiera solventar ese vacío.

Pero, ¿y aquellos que han cometido un error en su vida, a veces muy grave, con la mala suerte de no haberlo cometido mientras la ley de menores aún los cubría? ¿Qué hay de aquellos individuos que, por circunstancias varias, distintas de una manifiesta inidoneidad para la vida en sociedad, terminan en prisión por hechos más o menos graves y que nuestro sistema termina de hundir en la más profunda de las miserias hasta, finalmente, destruirlos? Pues en la mayoría de los casos, no parece que sea la prisión la que reinserta, sino la esperanza de volver a lo que hemos perdido del mundo exterior: la familia, la pareja, los hijos… ese vínculo actúa de luz al final del túnel esencialmente y eso es precisamente lo que en ocasiones se arrebata y neutraliza, generando un real desamparo en el preso, cuya comprensión del porqué de la reclusión quedaría, parece, ocultada por la desesperanza y el sinsentido de existir sin libertad y sin motivos de querer recuperarla.

Es cierto que hay una necesidad de castigo, así como de un efecto disuasorio sobre la sociedad y el delincuente en potencia, pero quizá existan otras maneras igual de válidas de alejar del delito a los delincuentes “primarios” así como de conseguir que, los que ya han delinquido y vuelven a la libertad, no lo hagan con tanta ira acumulada hacia un sistema que jamás los comprendió -que no se trata de perdonar, sino de comprender- ni supo actuar respecto de su caso, que acaben cayendo en la reincidencia lo cual no beneficia precisamente en términos de prevención del delito.

En definitiva, y sin pretender aportar unas soluciones que están bien lejos de mi competencia y capacidad, pienso que las prisiones parten de un ideal no demasiado malo, pero se han vuelto inviables y poco satisfactorias para cualquiera que no acepte de forma tajante la idea de que las personas que delinquen son como las manzanas podridas y han de ser sacadas del tiesto, o como esos resíduos nucleares, que enterramos y mantenemos lejos de nuestro pensamiento obviando que, quizá algún día, tengamos que enfrentarnos a un problema mucho mayor. Se tiende a escuchar quizá demasiado a la voz popular que siempre -sobre todo ante la excesiva alarma social generada por los medios de comunicación- pide y pedirá sanciones más duras para saciar su inacabable apetito de seguridad y de venganza hacia el que, una vez calificado de criminal, se ve casi revocado de su humanidad pasando a encarnar, a ojos de los demás, el mal y la amenaza a una sociedad pretendidamente sana.


Pruebas con la acuarela.

Entrada rápida sólo para colgar mi último dibujo a acuarela que ha servido, de paso, de regalo para mi madre, dado que le ha gustado particularmente.

No soy para nada un experto con esto pero me ha gustado, que es lo importante.