¿Somos realmente conscientes de lo que encierra una fotografía?

¿Eres capaz de captar el mensaje?

Frecuentemente nos encontramos, durante nuestro día a día, con imágenes duras, cargadas de violencia -explícita o no- o reveladoras de un mal particular presente en nuestra sociedad o en aquellas con las que compartimos el globo azulado que llamamos Tierra. Los clichés fotográficos tienen por virtud la extrema capacidad divulgativa y comunicativa, es decir, calan hondo en la conciencia de las personas, se graban en la retina y, en ocasiones, son capaces de provocar sentimientos de muy diversa índole por ese curioso proceso que es la empatía, que encuentra quizás uno de sus mayores detonantes mediante elestímulo visual.

Normalmente cuando nos encontramos ante una de estas fotografías nuestra mente es transportada directamente a la situación que presenciamos -aunque la información quizás pueda llegar sesgada- estimulando una reflexión al respecto. Ciertamente ése es el mejor de los casos, en otros, la reflexión queda aplazada o incluso anulada por la extrema crudeza de aquello presenciado, que deja paso a una profunda turbación o incluso al horror en función del grado de empatía del que seamos capaces de mostrar.

El caso es que, sea cual fuere la situación, nos solemos enfocar a la situación que el fotoperiodista denuncia obviando del todo la figura del propio autor o, como mucho, pensando casi de pasada en la posible intencionalidad detrás de un determinado encuadre o representación de un hecho. No nos suele acudir a la mente lo que esta estirpe de fotógrafos debe experimentar o sentir, la intensidad de los sentimientos de horror o tristeza que deben pasar por sus mentes en la búsqueda de la imagen más certera, aguda y punzantemente auténtica. Lo que nos llega a nosotros a través de sus obras no es más que un leve fragmento de la totalidad de la obra y, a su vez, la misma sólo es lo más representativo de la totalidad de las vivencias que nuestros enviados especiales han tenido que atravesar en el cumplimiento de sus funciones.

¿Cómo harán para sobreponerse a presenciar los acontecimientos más dolorosos de nuestra historia presente durante su día a día sin que ello les deje secuelas? ¿Realmente es posible racionalizar hasta ese punto? A este respecto el fotógrafo Emilio Morenatti dice que para vivir se ve obligado a “desconectar cada noche” mientras que Lurdes Basolí asume que no puede hacer desaparecer de su cabeza aquello que ha tenido que presenciar, que tomar lo ajeno como propio es requisito indispensable para llevar a cabo su trabajo tal y como ella lo entiende.

Así, podemos imaginar que la forma de acomodarse de cada fotógrafo pueda ser sustancialmente diferente, algunos tendiendo más bien a almacenar en cajones oscuros de la memoria tanta información como sea posible arrinconar mientras que otros simplemente asumirán la necesidad de portar esa cruz en pos de un trabajo profesional más auténtico y, quizás, una mayor sintonía con los demás. Es cierto, por otra parte, que no todos han conseguido aguantar el desgaste emocional.

Pero parece cierto que a pesar de los miles de testimonios gráficos, a cuál más chocante, de la realidad que para otros es cotidiana y para nosotros parece algo lejano pero no menos impactante, nuestra sociedad, nuestros dirigentes, nuestros conciudadanos incluso, continúan con sus vidas prácticamente ajenos al dolor del otro. Lo peor es que hace décadas que conocemos los grandes pecados de nuestra desigualitaria concepción del desarrollo y la evolución. Sabemos que nos llevamos por delante a todos aquellos que no nos importan, limitándonos a sentir “penita” cinco minutos delante de un informativo para relajar nuestras conciencias.

Pero creo que nos olvidamos que la verdad sigue su curso ahí fuera independientemente de nuestra insignificancia egoísta que tiende a aislar todo aquello que no nos gusta ver u oír: los inadaptados entre cuatro muros, aglutinándose; los de otro color, raza o cultura en su “puto país” y que se pudran; de los enfermos, los sin techo, los inmigrantes y demás que se ocupe quien buenamente quiera o pueda -eso sí, que no se les oiga-.

Disfrutemos de nuestro “bienestar” mientras aún lo conservemos, es posible que algún día tengamos que pedir perdón o rendir cuentas. Hasta entonces seguiremos oyendo sus gritos silenciosos a través de nuestras retinas. Los fotoperiodistas, ellos, tendrán que conservarlos en su memoria.

Fuentes: Quesabesde.com , y de nuevo.


4 responses to “¿Somos realmente conscientes de lo que encierra una fotografía?

  • angusenelespaciovacio

    Siempre recuerdo lo que me dijo una vez un cámara de televisión que estuvo en la Guerra de los Balcanes: Yo grababa sus casas mientras ardían… ellos, lloraban viéndolas arder. Eso es la guerra. Una mierda que vamos los buitres a picotear y escribir de ella. Observa y calla sin más…

  • Camaché

    No se mucho, por no decir que nada, de fotografía, pero creo que en esto que escribes señalas una parte importantísima del oficio del fotógrafo y es precisamente la sensibilidad. Como ya lo dices, el que es fotógrafo y creo yo también, para ser buen fotógrafo debe ser capaz de tocar con el lente el corazón de la imagen y ponerle el suyo también. como si el lente de la cámara se volviera una caja donde caben ambos corazones y ambos sienten lo mismo.
    y creo también que esa es una de las cosas más dificiles de lograr en la fotografía y por eso ve uno tantas imágenes “bonitas” que a la hora del té no dicen absolutamente nada.
    Muy buen post, muy, muy interesante.
    Saludos.

  • Yunni

    Esa última imagen me llego una vez en un correo amarillista. Decia que el que lo fotografio, se fue del lugar, despues su conciencia no lo dejo en paz y se suicido.

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