Sociología Volumen 2: Formación del Pensamiento Sociológico. (Parte A)

En esta segunda entrega hablaremos de la formación del pensamiento sociológico a partir del siglo XVIII con el Conde de Saint Simon hasta figuras del siglo XX como el recientemente desaparecido Claude Lévi-Strauss siguiendo, pues, una estructura cronológica. Promete ser un artículo bastante extenso, pero así lo requieren tanto mis necesidades como la voluntad pedagógica del mismo.

Sin más preámbulos, comencemos:

Claude Henri de Rouvroy, Conde de Saint Simon (simplemente Saint Simon).

Fue un filósofo social francés que vivió entre 1760 y 1825. Podemos considerarlo como uno de los pioneros en la sociología -que por aquel entonces no existía como tal- siendo el primero en analizar la recién inaugurada “era industrial”.

Para Saint Simon el nuevo principio ordenador de la sociedad es la industria, que según él habría de tener un papel decisivo en el devenir histórico. Así para el pensador francés la nueva sociedad industrial habría de ser dirigida precisamente por la clase industrial y aquellas clases relacionadas con la creación de bienes, sean de consumo, culturales o científicos. Todas aquellas clases y actividades que no se encuentren ligadas a dicho proceso acabarían por considerarse inútiles.

Fue un gran promotor de la ciencia y propugnó la organización científica de la sociedad, pues para él el progreso dependía directamente de los avances en materia científica.

En otro orden de cosas, Saint Simon postula por un igualitarismo de oportunidades compatible con la propiedad privada, oponiéndose por otra parte al derecho a herencia, o en todo caso, a un derecho a la herencia sin restricciones. En función de eso cada cual ha de obtener según su capacidad -lo cual es un principio más bien característico de las sociedades liberales-capitalistas-. Por otra parte, se considera al autor como el padre del socialismo que en sus obras se traduce en la imagen de una sociedad gobernada por una aristocracia de técnicos, financieros e industriales, razón por la cual se le considera el primer “tecnócrata” -traducido literalmente del griego: “gobierno de los técnicos”- así como el primero que anunciara la “era de los administradores.

A destacar dos de sus obras: Du système industriel y Catéchisme des Industriels.

Auguste Comte.

Comte fue secretario, y posteriormente colaborador, de Saint Simon, lo cual se prolongaría hasta 1824 cuando ambos romperían sus lazos por pretender el conde atribuirse la paternidad  de un opúsculo escrito por Comte en 1822.

El lema de Comte era “orden y progreso”, es decir, se posicionaba a favor del cambio social pero de una forma paulatina y ordenada, sin brusquedades.

Es el fundador de la escuela positivista y postula por la reforma de las instituciones y la transformación de los espíritus y las voluntades por medio de un programa de “reorganización espiritual”. El positivismo Comtiano supone el abandono del todo conocimiento o interpretación metafísica o mágica dentro del campo de la investigación científica. En el ámbito del estudio científico de la sociedad la idea radica en conocer a la misma por medio de sus reglas, las “reglas sociales”.

Comte, como ya se mencionó, es el creador de la Sociología como medio de reflexión sobre la sociedad y el enjuiciamiento de los problemas de la misma, al mismo tiempo que el responsable de acuñar la palabra en cuestión -sociología-. Dentro del estudio sociológico, Comte distingue dos grandes áreas:

  1. Estática Social: Es el estudio que versa sobre aquello que es común a las sociedades independientemente del tiempo y del lugar, las leyes sociales fundamentales que rigen todo sistema social.
  2. Dinámica Social: El estudio que, por contra, estudia todo aquello que se relaciona con el cambio en el seno de una sociedad. Afecta pues al cambio social y al desarrollo histórico. Suele estudiar aspectos más volátiles, característicos de determinadas sociedades dentro de un cierto contexto espacio-temporal.

Precisamente un punto importante es la explicación que da Comte a dicho devenir histórico por medio de su “Ley de los Tres Estadios”:

  1. Estadio Teológico (ficticio): Aquella fase del desarrollo histórico y humano en el que los hombres investigan la naturaleza y esencia de las cosas, la causa original y el fin último de las mismas. Los fenómenos se asocian en este estadio a la acción de seres sobrenaturales que intervienen sobre el mundo humano a placer. Predomina pues una visión mágica, mítica, del mundo y los acontecimientos.
  2. Estadio Metafísico (abstracto): Fase de transición en la cual se sustituyen los entes sobrenaturales por fuerzas abstractas, ocultas, virtudes propias a los objetos y las cosas que son capaces de producir una serie de fenómenos aunque no se sepa muy bien cómo. Se trata de una perspectiva más materialista aunque igualmente con un componente importante de magia o de desconocido, que emana esta vez del propio mundo material, de la Naturaleza, y no ya de dioses o ídolos.
  3. Estadio Positivo (real): El tercer y último estadio en el cual solo entra todo aquello que puede ser comprobado observado y medido. La imaginación se somete  al servicio de la observación. El ser humano se limita a descubrir leyes generales en base a la observación y extracción de las regularidades que se repiten conforme a un determinado patrón. La razón alcanza su máxima importancia y se desvincula de los mitos, los dioses y todo aquello que no se encuentra relacionado con los hechos. Hablamos pues de una perspectiva profundamente relacionada con la ciencia y la racionalidad, así como el conocimiento al servicio de la previsión, el control y en definitiva el poder.

Para Comte la clasificación anteriormente expuesta no sólo afecta al devenir histórico y social, sino que es también extrapolable al propio individuo. Destacar de él dos obras: Cours de Philosophie Positiva y Système de Politique Positive.

Herbert Spencer.

Autor inglés que vivió entre 1820 y 1903 combina una concepción organicista de la sociedad con el evolucionismo social:

Segun la teoría organicista existe una analogía bastante importante entre la sociedad y un organismo biológico, así, las reglas que se aplican para los seres vivos deberían ser extrapolables al funcionamiento de las sociedades. Por otro lado el evolucionismo nos aporta la idea de que la realidad realiza una transición desde la homgeneidad incoherente a la heterogeneidad incoherente. Ello combinado nos conduce a la idea de que la sociedad es como un organismo vivo que al crecer su tamaño aumenta en complejidad estructural y en la diferenciación de sus funciones.

En cuanto al devenir histórico Spencer lo interpreta en términos naturalistas como un proceso evolutivo inherente al organismo social a través del cual las sociedades simples originarias (las familias) cambian a sociedades compuestas, doblemente compuestas y triplemente compuestas (tribus, clanes y naciones). Para el autor la evolución de la humanidad es comparable al paso de un estado militarista y autoritario a un estado civil, liberal e industrial. Se trata del paso de la opresión y subordinación del individuo al grupo, a la sumisión del conjunto social al individuo y el ejercicio de su libertad.

Podemos mencionar entre sus obras: Progress: Its Law and Cause y The Principles of Sociology.

Karl Marx.

El alemán Karl Marx y la escuela marxista en general realizaron una serie de aportaciones de gran importancia al análisis sociológico que enumeraremos a continuación.

  1. Dieron primacía a la estructura económica dentro del análisis de una sociedad.
  2. La determinación  histórica
  3. La inclusión de los estudios de los fenómenos sociales dentro de un marco histórico-económico general -consecuencia de lo anterior-.
  4. Reconocimiento de la existencia de los cambios sociales de origen revolucionario junto a aquellos considerados “evolutivos”, provocando los primeros una ruputra en la continuidad histórica y en el proceso de transición de una forma de sociedad a otra

Según Marx, por medio de la “dialéctica social” se establece una relación contínua entre el hombre social, productor, y la estructura social, su producto. Se trata de una constante interacción entre el hombre y su mundo, entre el productor y el producto. Una interacción tan constante que se acaba perdiendo la visión que qué es lo uno y qué es lo otro y que es fuente de tensión contínua.

De dicha tensión nace la interpretación del cambio social de Marx, el cual sobreviene como resultado de los roces entre las fuerzas productivas y las relaciones de propiedad. En este sentido da pie a su teoría de las clases sociales:

Como todo el mundo sabrá ya, Marx establece tres clases sociales: obrero, pequeño burgués y propietario. La clase intermedia solo tiene un interés teórico pero en las teorías del conflicto esencialmente la distinción hecha se encuentra en relación con la propiedad de los medios de producción, reduciéndose las clases básicas a dos: capitalista y obrera. Estas dos clases se encuentran en constante conflicto pues en los sistemas capitalistas es inevitable la explotación del trabajador a través de la extracción de la plusvalía del trabajo del mismo.

Se sigue de ello el pronóstico de que el avance del capitalismo conducirá inexorablemente a un empobrecimiento de los trabajadores, a un crecimiento de la miseria y a las consecuentes y sucesivas crisis de superproducción que conducirán a la decadencia del sistema y a la revolución del proletariado, que nacerá necesariamente sobre esas bases. Dicha revolución conducirá a la toma del poder por la clase obrera que instaurará la Dictadura del Proletariado, que será un estadio intermedio en la transición hacia el Comunismo.

Cabe hablar de otro criterio de distinción de las clases sociales, ahora en relación con el proceso de producción. Aquello que produce el obrero es privatizado por los propietarios de los medios de producción. Así la propiedad privada genera una disociación entre el hombre y la naturaleza, entre el trabajador y aquello que produce, esta disociación es lo que denominaremos Alienación. El trabajo para el hombre alienado se convierte en un medio de subsistencia totalmente al margen de la expresión del hombre mismo, la relación entre el productor y su producto, que sin alterar permite hablar de “creadores” y “obras”, aquí se encuentra deformada hasta el punto de que se vuelve irrelevante, produciendo una gran insatisfacción en el trabajador.

El análisis marxista introduce dos conceptos fundamentales para dividir la sociedad. Por una parte la infraestructura económica: en relación con el proceso de producción, y la superestructura: formada por las ideologías y las instituciones jurídicas y políticas.

Por último, y en el ámbito del estudio del devenir histórico, Marx realiza un análisis en función de los diferentes modos de producción y, en definitiva, de “explotación del hombre por el hombre”:

  1. Mundo Antiguo: se caracteriza por la esclavitud.
  2. Mundo Feudal: hablamos aquí de servidumbre
  3. Mundo Capitalista: cuya figura característica es el asalariado.

Émile Durkheim.

Hablamos del primer catedrático de Sociología de La Sorbona y de toda Francia, su vida se extiende desde 1858 hasta 1917.

Durkheim continúa en la línea del positivismo y solo tienen importancia para él los hechos observables, en este sentido dirá que “los hechos sociales deben ser tratados como cosas“, entendiendo por hecho social aquellas maneras de obrar, pensar y sentir que existen con independencia de las conciencias individuales y son, pues, exteriores al individuo. En definitiva decir que dichos hechos provienen del grupo y su realidad es absolutamente objetivo, alejándonos así de los casos aislados. Durkheim elaborará una serie de reglas que habrá de seguir el sociólogo para recolectar correctamente los datos que provienen de la sociedad, esos hechos sociales:

  1. Rechazar toda premonición.
  2. El objeto de investigación siempre será un grupo de fenómenos con caracteres comunes que hayan sido definidos de antemano.
  3. Considerar los hechos siempre que éstos se presentan alejados de sus manifestaciones individuales.

Así, habran de conocerse las continuidades grupales, los fenómenos que se dan con regularidad en la estructura de un determinado grupo. Y no se atenderá a una valoración moral de los hechos, pues incluso aquellos moralmente rechazables son hechos normales dentro de la sociología siempre que presenten características  de objetividad y regularidad. Tambien ciertos actos profundamente individuales -como el suicidio- tienen un interés sociológico en cuanto dejan de ser un hecho aislado.

En cuanto al análisis de la evolución de la sociedad, Durkheim explica los cambios en función de la división y especialización del trabajo. Desde las sociedades primitivas con mínimo grado de especialización, a las sociedades modernas altamente divididas y especializadas profesionalmente. Para el autor, hablar de división del trabajo supone hablar de mucho más que las consecuencias meramente económicas, sino que hay una relación con la cohesión social. De la especialización derivan pues dos tipos de “solidaridad“:

  1. Solidaridad Mecánica: característica de las sociedades primitivas, se caracteriza por la existencia de una conciencia colectiva y una fuerte identificación del individuo con el grupo. El individuo existe en cuanto miembro de la colectividad. Las ofensas y delitos adquieren un corte religioso-penal puesto que hieren a todo el grupo cuando son cometidos.
  2. Solidaridad Orgánica: propia de sociedades modernas en las que ha tenido lugar un largo proceso de división del trabajo. Predomina el derecho civil y contractual que expresa una preponderancia de la conciencia individual sobre la colectividad. El fundamento de las relaciones se encuentra más en la complementariedad que en la similitud.

Durkheim afirma que una excesiva división del trabajo puede llegar a socavar la solidaridad orgánica y generar una sociedad fragmentada psicológica y moralmente que produzca un estado de anomia -ausencia de normas- que desembocarían en la lucha de clases, la conflictividad laboral y el aumento de la delincuencia y los suicidios. Durkheim define la anomia como una situación en la que se produce una ausencia de normatividad, un estado de confusión mental y moral para el individuo que resulta de un decrecimiento importante de la cohesión social. La integración y la identificación del individuo con el grupo y con la sociedad serían piezas claves para disminuir la anomia.

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Hasta aquí por hoy.


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