Y este 1 de Enero cantaremos: ¡Feliz 1980!

Cuando los a prioris y las ideas preconcebidas de uno se rompen hacen una especie de “crac” similar a unas cervicales indebidamente retorcidas. Resulta que, ingenuo de mí, pensaba que la cultura y la excelencia dentro de una rama cualquiera del conocimiento se correspondía con personas a todas luces más abiertas en su concepción del mundo, con horizontes más amplios. Y sobretodo, personas no dominadas por el conservadurismo a ultranza.

Antes de entrar en materia he de decir que el término “conservador” no me parece demasiado halagüeño y aquellos que lo enarbolan deberían pensar seriamente si esto juega en su favor. Si alguna vez este mundo de hombres ha sido un lugar apacible, justo, casi utópico -no vale hacer recurso a Adán y Eva-, entonces la palabra “conservador” toma cierto sentido, aunque se queda floja ante un término como podría ser “tradicionalista” u “originalista”-de origen, no de original-. Ahora bien, como a todas luces jamás ha habido sobre la faz de la Tierra una época unánimemente mejor a la presente y que responda, no a un período de bonanza, sino a un contexto social, cultural y político lo suficientemente estable y duradero como para ser calificado como Época Histórica, pareciera sensato presumir que la mejoría se encuentra, no en la regresión, sino en el progreso y en el avance -racional y mesurado-. En base a lo anterior no veo porqué nadie debería sentirse orgulloso de proclamarse conservador. No todo hoy por hoy merece ser cambiado y moldeado, pero no hace falta una actitud conservadora para ello, solo atenerse a las necesidades de la realidad social presente.

Tras este inciso entramos “dans le vif du sujet”. Recordaremos que hace más de tres años nacía el primer niño libre de un mal genético hereditario por medio de técnicas médicas punteras en un centro español. Bien, pues el Consejo Andaluz del Colegio de Médicos ha calificado la técnica que permitió tal logro como “gravemente contraria a la ética”. El denominado Diagnóstico Genético Preimplantatorio sería “una técnica al servicio de la violencia” porque “otorga a unos seres humanos la capacidad de decidir sobre la vida de otros”. Mismas batallitas que la ley del aborto.

¿Pero en qué consiste dicha técnica? Se trata de un procedimiento aplicado a las parejas portadoras de dichos genes transmisores de la enfermedad mediante el cual se analizan varios embriones producidos con reproducción asistida para seleccionar a aquellos libres del mal hereditario e implantarlos en la madre, acabando así con la condena genética que ciertas familias están destinadas a hacer perdurar a partir del momento en el que quieren hacer uso del derecho legítimo y loable de fundar una familia.

El texto del Consejo critica que en el procedimiento de hace tres años se tuvieran que desechar 16 embriones para llegar al fin deseado, empleando como es habitual los demagógicos términos de “niños” e “hijos” para hablar de los susodichos embriones:

“El procedimiento consiste en realizar la fecundación in vitro (producir entre 10 y 20 niños sanos) a partir de sus padres; a continuación, cuando los hijos tienen células suficientes, se toman un par de células de cada uno y se analizan”.

“Un aspecto éticamente muy negativo de la producción de los bebés-medicamento es que, para obtenerlos, ineludiblemente, hay que destruir un elevado número de vidas humanas de embriones”

Las frases anteriores están incluidas en el texto que ha aprobado la comisión deontológica del consejo regional de colegios de médicos el pasado 28 de octubre. La Consejería de Salud confesó mostrarse perpleja ante la posición antes expuesta, que reproduce postulados frecuentemente enarbolados por la Conferencia Episcopal y expresa su preocupación por una regresión de 30 años al volver a temas que se creían superados.

Argumentos del Consejo Episcopal Andaluz de Colegios de Médicos afirmaría que el DGP sería un eufemismo de control de la calidad genética y que solo quien fuera padre -curioso el uso del masculino- de los embriones destruidos podría percibir la atrocidad llevada a cabo en los laboratorios.

Bueno, aquí veo yo dos cosas: que por una parte los integrantes del Consejo -que no el cuerpo de médicos, que frecuentemente sienten vergüenza casi de aquellos que supuestamente les representan en cierta manera- propugnan perpetuar las enfermedades genéticas para perpetuar -valga la redundancia- así el sufrimiento del individuo afectado y de las familias (y seguro que también para no quedarse en paro); y que por otro lado confunden, como todo conservador que se precie, posibilidad y obligatoriedad. Poner a disposición un método tal que el anterior no supone imponerlo a aquellos que lo consideren contrario a su moralidad o a sus convicciones, es decir, no supone herir la sensibilidad de padres que no desearan realizarlo porque lo vieran como una barbaridad. Dar la opción no supone obligar pero claro, que me corrijan nuestros brillantes académicos si mi interpretación de ambos términos fuese errónea.

Cuestiones tales que estas son aterradoras por los tiempos que corren y claman a la renovación de instituciones que huelen a cerrado.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: