Sesión Criminológica III: Sociología del Crimen (parte A).

Siguiendo con la progresión evolutiva del pensamiento criminológico, abandonamos las teorías psicodinámicas y psicológicas para entrar en el terreno de la sociología. Es, desde luego, innegable hoy por hoy que el medio social en el que todos nos desenvolvemos crea y condiciona buena parte tanto de nuestra conducta como de nuestra ideología, por tanto diríamos que la sociedad es indisociable del sujeto y el sujeto de la sociedad, por ínfimo que sea el lazo que los une.

El auge de la sociología criminal comenzó en Europa tras la segunda Guerra Mundial, desplazando  teorías anteriores de corte biológico o psicológico, si bien esto no significa que dichos enfoques desaparecieran. Podríamos decir pues que los estudios sociológicos vienen a colocarse en cabeza dentro de la aceptación general de las teorías.

Las Teorías Plurifactoriales.

Esta rama teórica atribuye al crimen una amplia variedad de factores de influencia, tanto internos o subjetivos, como externos o “ambientales” -rasgos del delincuente, contexto familiar, historial escolar…-. Suele haber una notable preferencia por la delincuencia juvenil en cuanto a campo de investigación lo cual parece razonable si el objetivo es la prevención de una conducta criminal más seria en el futuro o un aporte etiológico importante en una etapa decisiva en el individuo como es la infancia o la juventud, sin embargo tiene el problema de que hace difícil extrapolar los conocimientos fuera de este ámbito.

Se denominan teorías plurifactoriales o multifactoriales precisamente porque entienden que la criminalidad no se debe en ningún caso a razones exclusivamente internas o externas sino a una suerte de combinación de factores y circunstancias tanto del sujeto como de su entorno. Cabe recalcar aun así que pese a que el enfoque sociológico tenga un mayor peso, hay un mérito considerable en tratar de aproximarse al fenómeno criminal desde toda su complejidad, abandonando la óptica un tanto simplista de teorías unidisciplinares previas. El crimen no se puede atribuir sólo a una causa sino a un conglomerado de ellas.

Hemos de destacar en éste ámbito la aportación de Burton,  Healy y el matrimonio Glueck.

-La investigación quizá más importante de los Glueck consistió en reunir 500 parejas de jóvenes bajo la forma “delincuente/no delincuente” con el objetivo de determinar qué factores diferenciaban a aquellos que habían delinquido de los que no. Asistentes sociales, psicólogos, antropólogos y psiquiatras trabajaron en ello durante 10 años. Partieron de la base de 402 factores que consideraban relevantes o diferenciadores que, finalmente, terminaron reduciéndose a tres que, en su opinión, deberían resultar suficientes para realizar un pronóstico a escala social. Estos son la vigilancia del joven por su madre, la severidad de la educación de ésta y la armonía familiar.

-Burton, en su obra “Los jóvenes delincuentes” (1944) indicaba la existencia de 170 factores desencadenantes de comportamiento indeseable en el niño.

Healy hizo también una distinción de variables determinantes del comportamiento antisocial o desviado entre las cuales podemos encontrar los males hereditarios, anormalidades físicas o mentales, conflictos espirituales, carencias o malas condiciones familiares o de amistades, insatisfacción o frustración, mal desarrollo de la infancia.

Todas estas variables a las que se hace referencia podrían ser clasificadas como biológicas o sociopsicológicas pero, en cualquier caso, a partir de las teorías multifactoriales cambiaría el enfoque del pensamiento criminológico, abandonando un poco la esfera restringida del sujeto y tomando ya en cuenta la gran importancia de las condiciones sociales.

ESCUELA ECOLÓGICA DE  CHICAGO.

La Escuela Ecológica de Chicago encuentra sus orígenes en sociólogos que, en buena medida, venían de Trabajo Social con un conocimiento práctico que pudo dar un nuevo impulso a la sociología criminal. La finalidad de sus investigaciones radica en un diagnóstico rápido y fiable para solucionar en la práctica los serios problemas sociales de la época en norteamérica -que aun encuentran sus restos hoy en día en la no siempre pacífica multiculturalidad de los Estados Unidos-. Su principal objeto de estudio se encuentra en las grandes ciudades y núcleos urbanos y el desarrollo de la criminalidad dentro de  ése contexto. Se trataría pues de conocer desde el interior el “mundo de los desviados”, los mecanismos de aprendizaje y la transmisión de conductas asociadas a estas subculturas asociales.

Teoría Ecológica.

Se encuentra dentro de las teorías de la EEC. Cabe destacar como máximos representantes a Park, Burgess y McKenzie. Los ecólogos estudian la desorganización social y las conductas que ésta provoca en el interior de la ciudad. Aspectos de particular interés para ésta disciplina  son el debilitamiento de los lazos de union entre los principales grupos que conformaban las pequeñas comunidades como consecuencia de la vida urbana, la creciente superficialidad e impersonalidad de las relaciones entre individuos, la pérdida del arraigo a la “tierra” donde se vive y la aparente relajación de los frenos e inhibiciones del comportamiento en dichos grupos primarios. Todo lo anterior sería causa del aumento del “vicio y la criminalidad” en el seno de las grandes ciudades.

Park señala la peligrosidad que implicaba para el orden social el debilitamiento y el fracaso de las instituciones de control informal o tradicional -es decir, la iglesia, la escuela y la familia- y afirmaba lo siguiente: ” la ruptura de los lazos locales y el relajamiento de  las inhibiciones del grupo primario, por influencia del entorno urbano, son tal vez los principales responsables de la propensión del vicio y la criminalidad en las grandes ciudades“.

Para la EEC el factor social, por tanto, juega un papel protagonista en el crimen y la desviación y, por tanto, las patologías han de buscarse en la propia sociedad y erradicarse si se desea suprimir el crimen.

Haremos mención a continuación a unos cuantos autores:

Bergalli describe la noción de “contagio social” como el proceso típico de la vida urbana consistente en la tendencia a la transmisión de determinadas conductas reprochables entre individuos de características similares. Una especie de sistema de aprendizaje o imitación entre individuos similares explicaría la propagación de la acción criminal en ciertos entornos.

Thrasher, en su obra “The Gang” (1927), examió 1313 bandas de Chicago y constató la existencia de “zonas de bandas” donde se ubicaban estas y que solían corresponderse con zonas de fábricas o áreas a la sombra de grandes edificios.

Shaw y McKay demostraron que la cifra de criminalidad disminuye con el alejamiento del centro de la ciudad, afirmando a su vez que la criminalidad potencial se concentra más bien en las proximidades de zonas comerciales en vez de las zonas residenciales de los alrededores, debido a la presencia -más fuerte en el segundo caso- de organismos de control social. Asimismo Shaw llegó a las siguientes conclusiones:

  1. Los delincuentes no difieren significativamente del resto de la población en cuanto a la condición física, mental o la personalidad.
  2. En las áreas criminales, las tradiciones, la opinión pública y demás mecanismos de control sobre el niño se hallan muy desintegradas. Además, padres y vecinos suelen incluso aprobar la conducta delictiva de éste.
  3. Los barrios ofrecen numerosas oportunidades para la actividad delincuencial.
  4. El comportamiento delictivo se aprende y se transmite como una tradición.
  5. Las genuinas “carreras criminales” se consolidan cuando el individuo se identifica con su mundo delictivo e interioriza los valores criminales de éste.

Los barrios con mayor índice de delincuencia se encuentran en las inmediaciones de zonas de industria pesada y comercios como ya se ha dicho. En cuanto al status económico, las tasas más altas de delincuencia se encuentran en las clases más bajas. Por último la etnia sería otro factor decisivo, concentrandose la delincuencia en zonas donde vivan negros, latinoamericanos u otras “minorías”.

Las críticas más importantes hechas a la Escuela Ecológica de Chicago se centran en el hecho de que el análisis etiológico de la delincuencia estaría en exceso simplificado pues no permite explicar la aparición de la criminalidad fuera de las áreas supuestamente delincuenciales ni, a su vez, las conductas “normales”que tuvieran lugar en el interior de éstas. También queda suspendida la cuestión de si dichas áreas producían delincuentes o si, por contra, más bien los atraían.

TEORÍAS AMBIENTALISTAS.

Destaca sobremanera la aportación de Newman con su obra “Defensible Space“(1973) en la que promueve la prevención del delito con un diseño arquitectónico y urbanístico preparado a tal efecto. El fin a alcanzar sería el de inhibir el delito en las zonas residenciales mediante determinadas medidas en las cuales el “sentimiento de comunidad” y de “territorialidad” juegan un papel muy importante. Así, Newman propone cuatro medidas bien claras:

  1. Subdividir las áreas públicas en zonas más pequeñas para incentivar la sensación de “propiedad” para los vecinos de forma a responsabilizarlos del lugar en base a que sientan que forman parte de una comunidad a quien “pertenece” un determinado hábitat y todo aquello que acontece en el mismo.
  2. Localizar las ventanas de manera a potenciar la visibilidad desde ellas y favorecer la observación.
  3. Emplazar zonas concurridas junto a lugares donde se desarrollen actividades públicas que no sean fuente de peligros como pequeños parques o zonas de recreo infantil.
  4. Construir áreas públicas que den la sensación a sus visitantes de que son observados.

De ello extraemos que el arquetipo de construcción criminógena serían los grandes edificios incomunicados con el tráfico, sin portero, con vestíbulo, escaleras y ascensor accesibles a cualquiera. En este sentido Newman extrae cuatro conclusiones:

  1. Los edificios con más de siete pisos son los más favorecedores de la perpetración de delitos y crímenes.
  2. El porcentaje de delitos cometido en ascensores es muy elevado, decreciendo inmediatamente si se integran sistemas de vigilancia.
  3. Los espacios de mayor peligro son los “de tránsito” entre las viviendas y la vía pública.
  4. Ciertas vías como pasadizos, callejones, o calles vacías incitan al crimen.

Resultaría difícil quizá adecuar la construcción de una ciudad a unos requisitos semejantes de seguridad, sobretodo dadas las exigencias demográficas de hoy en día, no obstante algunas de las medidas serían, ciertamente, no sólo fáciles de incorporar sino bienvenidas.


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