Sesión Criminológica II: Psicología del crimen.

En la anterior sesión concluimos igual que como habíamos empezado, con Freud y su modelo psicoanalítico. Hay más teorías y autores -Bowlby, Jung…- pero no me interesa abundar más en el tema. Todas estas hipótesis pecan, hay que decir, de carecer de un sistema seguro y “científico-empírico” que las haga irrefutables, verificables y observables.

Abandonamos pues el psicoanálisis y pasamos a la psicología relacionada con el crimen, entendiendola como la ciencia que estudia la “vida psíquica” del sujeto, en este caso, criminal y sus variables de personalidad y conducta. Cabe destacar que toda conducta, lícita o no, respondería a la combinación de dos variables, el organismo y el medio externo. La eterna batalla entre lo subjetivo y lo social si se quiere, incluso, de lo innato y lo adquirido. En base a lo anterior surgen multitud de teorías, tanto organicistas -que dan prioridad al fenómeno interno- como ambientalistas -que dan prioridad a todo aquello que rodea al sujeto, sus circunstancias sociales.

Teorías Conductistas.

Las teorías conductistas afirman que la etiología -las causas- del crimen se encuentra en el medio externo, en estímulos lanzados desde fuera y ante los que el sujeto reacciona. Esto implica el postulado de que la conducta criminal podría suprimirse eliminando toda influencia criminógena del medio. Nos encontramos pues ante una teoría ambientalista.

En el ámbito de la mayoría de estas teorías entra una concepción del delito como consecuencia de sucesivos fallos o deficiencias del proceso de socialización y el aprendizaje de las pautas de conducta social. Para Eysenk el comportamiento social se aprende mediante un condicionamiento en el individuo de ciertas emociones y sentimientos ante determinadas acciones y conductas que le han enseñado a asociar entre sí. Así un niño aprende, al realizar ciertas conductas, que va a ser premiado o castigado. El castigo y la recompensa crean una emoción desagradable -de dolor y meido- o agradable -de felicidad o placer- que el niño relaciona directamente con el acto realizado siguiendo un esquema parecido al siguiente:

-Acto A -> Recompensa -> Felicidad; Acto A = Felicidad. (no se trata de un esquema de leyes lógicas en sentido etricto)

-Acto B -> Castigo -> Miedo; Acto B = Miedo.

Esas pautas, si se interiorizan adecuadamente desde un principio, provocarán en el individuo adulto sentimientos análogos -de ansiedad o satisfacción por ejemplo- condicionados ante ciertos actos si estos han sido objeto de sanción o recompensa en la etapa infantil.

Por tanto, propondrá Eysenk, la falta de socialización -o los defectos en la misma- ocurriría en individuos a los que les falta la habilidad para asimilar y producir respuestas condicionadas -lo cual, parece ser, se debería principalmente a la combinación de actividad cortical baja y un elevado neuroticismo-.

Modelo Socioconductual del Aprendizaje Social.

Una variante del conductismo bastante próxima a las teorías sociológicas en el sentido de que considera que las los métodos y modelos criminales se adquieren en base a la observación y la imitación del comportamiento criminal de otros individuos. Así podríamos extraer tres ideas fundamentales  de las teorías del aprendizaje social:

-Prácticamente toda la conducta es aprendida.

-Las leyes de dicho aprendizaje son cognoscibles y pueden medirse.

-Tanto la conducta “normal” como la “anormal” responden a mecanismos de aprendizaje fundamentalmente iguales.

Para Bandura el individuo no nace como un sujeto violento -descartamos pues teorías de atavismo o determinación genética- sino que aprende a ser violento a través de los sucesos de su vida y su contacto con los demás. De acuerdo con esto el efecto nocivo de exponer a los niños a películas o juegos violentos residiría en la asimilación de lo que ven en ellos, donde a menudo se observa una recompensa ante actos antisociales, violentos o agresivos. Precisando lo anteriormente señalado, no es que se descarte la posibilidad de un factor interno del individuo que predisponga a determinada conducta pero, lo que se viene a decir, es que es el entorno social el factor activador de ésa conducta.

Abundando en este sentido Bandura dice que “el hombre guía sus acciones, en parte, por las consecuencias que observa en los otros“. Así el sujeto observa en los demás las conductas castigadas, recompensadas o ignoradas y aprende, adquiere una experiencia que transforma en propia a pesar de no ser un actor en dicha experiencia sino un observador. Cabe introducir ahora el concepto del castigo vicario, que consiste en que el testigo de una acción violenta castigada efectivamente por norma general suele presentar una tendencia a alejarse de la imitación de dicho acto.

Teoría Cognitiva del Desarrollo Moral.

Toda conducta antinormativa implica una decisión cognitiva“.

Esta teoría afirma que una persona, antes de realizar un acto punible, hará una valoración de los posibles aspectos benéficos o perjudiciales de las consecuencias. Para la teoría cognitiva el conductismo incurre en un análisis demasiado simplificador del actuar humano y añade que el hombre no se rige únicamente por reflejos y hábitos de conducta asimilados sino que hay un inevitable proceso mental previo a la acción que es determinante para la conducta. Así, el hombre estaría condenado a decidir, “condenado a ser libre” como decía Sartre.

Análisis Factorialista.

El modelo del Análisis Factorialista ha tratado de explicar la etiología de ciertas conductas humanas en base a rasgos de la personalidad. Para ello se han hecho tests con innumerables aspectos de la personalidad presentes en ellos. Argyle afirma que en el delincuente suelen coincidir ciertos rasgos como el escaso sentimiento de culpa, el rechazo a la autoridad o la impulsividad. Asimismo ha indicado que, en cuanto a la inteligencia, no hay una implicación realmente clara entre ésta y la conducta delictiva si bien los cocientes intelectuales de los presos suelen ser inferiores a los de la población general.

Señala Pérez Sánchez que, como parece razonable, no podemos concluir que la baja inteligencia se relacione de forma directa con la delincuencia o el crimen. No son pocos los casos de delincuentes brillantes e incluso podríamos preguntarnos  si el hecho de que en las prisiones encontremos una media de CI inferior a la población media no es porque, en realidad, los delincuentes más inteligentes escapan a la justicia. En todo caso parece seguro que ciertos tipos de criminalidad se relacionan de modo bastante directo con un determinado nivel de inteligencia.


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