¿Nos estamos volviendo locos?

El titular de este “artículo” quizás sea algo sensacionalista, pero tampoco hay una voluntad de profesionalidad extrema en él -y pienso que cosas peores se ven a diario de parte de los profesionales- así que mantendremos las cosas tal y como están y entraremos en materia.

Resulta que no es la primera vez que leo aberraciones, tanto legislativas como judiciales o de hecho relacionadas con el día a día de algunos países asiáticos. Situaciones que desde un enfoque externo, y desconociendo las críticas internas que se hayan podido hacer -si es que éstas realmente llegan a ver la luz-, parecen a todas luces aberrantes y sintomáticas de algún tipo de grave malestar sociológico y, a una escala individual, psicológico.

Cabe, desde luego, recordar que se trata de una situación cultural y social radicalmente distinta a la que podemos experimentar en nuestras latitudes y, por ello, es necesario conservar suficientes distancias como para no incurrir en juicios demasiado personales y, evidentemente, mantenerse alejado de valoraciones despreciativas. Aclarado esto podemos seguir con el tema.

Nos encontramos en una situación social en la que, sobretodo en el caso de China, la superpoblación supera unos límites deseables sobre todo teniendo en cuenta las medidas tomadas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, que desde mi punto de vista se antojan, claramente, insuficientes. Nos encontramos también ante una sociedad en la que el ascenso económico-social se representa generalmente mediante el ascenso interno en una empresa de decenas o cientos de empleados en base al sacrificio hacia dicha empresa y la antigüedad. Así vemos situaciones en las que los empleados preferirían privilegios en el seno de la empresa y un contrato de por vida antes que, por ejemplo, cobrar derechos de autor por una idea propia o organizarse de manera independiente con la posibilidad de un incremento económico mucho mayor -pienso por ejemplo en el caso del creador de los Pokémon, que aun hoy se siguen explotando y que, si mis recuerdos no son erróneos, pasaron a ser propiedad de la empresa a cambio de un contrato de por vida para el creador de los mismos en el seno de la empresa-. De la misma manera, en el interior de las empresas de cierto calibre nos encontramos con una situación paradójica de sumisión de la dignidad individual en pos del respeto a ultranza del director o superior al mando, que se convierte en una reinterpretación del señor feudal en cierta manera, acompañada de la instauración -muy inteligente de hecho- de terapias de desahogo emocional en las que se puede volcar la rabia en una efigie del jefe hasta cansarse para, después, poder soportar la convivencia con éste con naturalidad y servilismo.

Recuerdo también el caso de un hombre que quería contraer matrimonio con un personaje de un manga argumentando su inmenso amor por ella y no recuerdo muy bien qué otros extraños argumentos que, más allá de la perspectiva moral, me parecen más bien un síntoma preocupante de un aislamiento social en extremo preocupante y aparente terriblemente generalizado -si bien, por suerte, no hasta este punto extremo-.

Lo que más he visto últimamente, son las regulaciones legales de los videojuegos MMORPG -juegos de rol masivos por internet, para que nos entendamos- que han tomado unos tintes realmente inquietantes y desmesurados. Y es que este tipo de videojuegos parece haber adquirido una verdadera posición social como fenómeno de masas que ha empujado -muy matizable esto último- al Gobierno chino a establecer restricciones en cuanto al uso de estos, sobre el tiempo de uso, o sobre el “farming” según recuerdo. Y lo último es una empresa china que se encarga de establecer un sistema de identificación de sexo del titular de la cuenta para prohibirle utilizar personajes de distinto sexo al suyo en el juego. Será que descubrir que tras el avatar de la elfita de suntuosas curvas se oculta un sesentón con barriga cervecera ha sumido en profundas depresiones a miles de jugadores habituales de juegos como el World of Warcraft -nótese la ironía-. Así pues la empresa Aurora Technology trae este sistema para facilitar, o eso pareciera, las posibilidades de los jugadores de ligar on-line al tiempo que aplastan cráneos de monstruitos y disparan flechas a diestro y siniestro.

Ahora en serio, ¿en qué situación nos encontramos cuando no somos capaces de distanciarnos lo suficiente como para jugar disfrutando del juego o relacionarnos disfrutando de las compañías con las motivaciones de socialización o sentimentales que sean pertinentes? No me cabe mucha duda de que este sistema, pese a solo estar establecido en el MMORPG propio de la empresa Aurora Technology, vaya a exportarse a otros juegos. ¿De verdad tal es la situación que no es posible ya hacer algo tan anodino como jugar sin restricciones de ésa índole? ¿De verdad la limitación de las libertades y los derechos, tanto desde medios privados como poderes públicos, es necesaria y deseable por encima de medidas educativas y de ayuda si de verdad el problema tiene un arraigo social tan profundo como parece tener? ¿O será solo una forma de explotar una realidad de grandísimo éxito como son los juegos on-line?

Ver para creer.

Fuente: Vidaextra


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