El Mito del Científico Loco

El doctor Doofenshmirtz con su archienemigo Perry el Ornitorrinco.

Es curioso sin duda pararse a pensar de vez en cuando en los mitos que recorren nuestro bagaje cultural. Mitos en los que raramente pensamos y que, por ello, no son puestos en cuestión demasiado a menudo. Desde luego hay mitos y supersticiones más relevantes o de consecuencias más interesantes vagando por el ancho mar que es la cultura (aunque no todos acceden a la misma cantidad de agua) pero hoy elijo uno que me interesa, no por su importancia, sino al contrario por su ligereza: el mito del Científico Loco.

Probablemente cualquiera de nosotros puede, sin la menor dificultad, encontrar en su memoria algún representante del estereotipo del científico excéntrico, perturbado, a veces malvado, a veces no… Muchos son los argumentos de ficción que han encontrado como supervillano perfecto al erudito ávido de poder, con ganas de dominar o incluso de destruir a la raza humana -ni más ni menos oye-. Y todo hay que decirlo, el prototipo se presta bastante bien a este papel.

Ahora bien, me parece que si tenemos que encontrar un origen a toda esa mitología podríamos remontarnos quizás al doctor de ficción Viktor Frankenstein o al no menos clásico doctor Jekyll (y su alter ego el señor Hyde), si bien estoy seguro de que el lector tendrá mejores ejemplos. Incluso podríamos encontrar una imagen anterior u originaria del científico loco en la figura del druida, del brujo y demás apodos que hayan recibido personas más o menos instruidas e incomprendidas por sus atemorizados semejantes.

Lo peculiar es que, pese a las excentricidades más o menos pronunciadas de ciertas figuras ilustres de la ciencia tal y como la conocemos, no parece que el temor a que una mente malvada y superior esté creando un arma de destrucción masiva en una isla perdida en el medio del océano sea uno de los miedos más acuciantes de los pasados siglos. No veo, pues, el fundamento del mito en nuestro pasado reciente en todo caso -quizá alguien pueda ilustrarme-.

Así pues, la figura del político-loco parece mucho más acertada, si bien mucho menos interesante por ser demasiado común. Tenemos sobrados ejemplos en la historia de masacres llevadas a cabo bajo las órdenes de ciertos “cabecillas” -no forzosamente cerebrillos- y no cabe duda de que los seguiremos teniendo, por ello probablemente no pueda hablarse en este caso de “mito” sino de pura y flagrante realidad.

No quiere decir esto que los políticos algo sociópatas no vayan a alimentar la ficción, de hecho son de los malos preferidos de las ficciones militares o de espionaje, no obstante pienso (y no creo equivocarme) que jamás destronarán a nuestros estimados científicos locos pues oye, aunque sólo sea en el fondo, a estos bichos raros siempre habrá alguna razón por la cual tenerles cierta simpatía. Puede que tenga que ver en esto la tranquilidad y confianza que tenemos en que, una vez cerrado el libro, a estos últimos no los vamos a ver más hasta el momento de volver a su mundo.

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One response to “El Mito del Científico Loco

  • Monex

    Ahora los maestros no ignoran que la televisi n tiene un lenguaje muy pero que muy particular est dise ada para capturar la atenci n del espectador y para ello debe ser lo menos reflexiva posible. El futuro necesitar a entonces cualquier cosa menos ciudadanos con capacidad cr tica o de reflexi n. Por suerte yo tard menos en darme cuenta de lo sensato de sus ideas y actitudes que valoro con m s intensidad ahora que no est conmigo.

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