Bien, de momento, y hasta que me decida a colgar algo realmente elaborado seguiré con las entradas poco trabajadas y no demasiado originales. En esta en particular rescato un texto que ronda mis discos desde hará un año. Relativamente breve y sencillo, nada que provoque serios dolores de cabeza.

 “La Ciudad de mi Vida”.Probablemente sea este un término demasiado absoluto como para emplearlo cuando no has vivido (más de unos días) en otras ciudades o lugares del mundo, ni has explorado sus callejuelas, ni entablado conversación con las gentes del lugar; ni descubierto, en algún rincón, ese detalle que haga de la urbe (ciudad, pueblo o aldea entre montañas, por supuesto) un lugar especial.

Y es que usarlo (dicho termino) para el lugar donde se ha nacido es quizás malgastarlo, al menos cuando no se tiene un apego particular a su ciudad natal simplemente por el mero hecho de que esta lo sea. Muchos motivos pueden impulsarnos a guardar un sitio en nuestro interior para ese lugar único e inolvidable no obstante, antes de seleccionarlo, tendríamos que haber podido comparar o incluso vivir una experiencia que nos decidiera a no volvernos a separar jamás de esa porción de mundo que nos esta reservada.

De cualquier forma es cierto que es un asunto problemático. Por una parte para los que sueñan con esa especie de paraíso terrenal al que todos (o casi todos) deberíamos poder aspirar y que lo buscan sin descanso. Y por otra parte para aquellos que lo han perdido y que, por circunstancias ajenas a su voluntad, se ven obligados a malvivir lacerados por el recuerdo de lo que un día saborearon y que quizás jamás vuelvan a alcanzar.

A aquellos que no hemos podido, querido o sabido designar la ciudad de nuestra vida siempre nos queda idealizarla, pues soñar nunca está de más. La diferencia es que una ciudad de ensueño no te hace olvidar, ni enmascara la miseria y la desgracia; que tienen el acceso prohibido a las calles de la mente. No siendo así en la realidad, donde siempre se da un contraste de positivo y negativo, donde las mentiras dan sosiego y la verdad duele.

Podría haber modificado alguna que otra cosa o suprimido fragmentos un tanto ambiguos pero bueno, preferí conservar el texto tal y como se hizo en su dia.

Atte. Dyango